Pueblos de Sevilla

Carmona

🗓️ hace 8 años

“Como el lucero brilla en la aurora, así en Andalucía, Carmona”. Esta frase, pronunciada por Fernando III El Santo, que figura en latín en el escudo local, define perfectamente la sensación que queda en el ánimo del que deja esta ciudad.

En plena campiña sevillana se levanta la milenaria Carmona, por la que han pasado diferentes pueblos y civilizaciones que han dejado su huella en forma de construcciones militares y civiles, utensilios de materiales diversos, restos artísticos y, sobre todo, un espíritu cosmopolita en sus habitantes que les impulsa a acoger con amable hospitalidad al visitante.

La zona estuvo poblada desde la Prehistoria, dada su privilegiada situación geográfica, enclavada sobre un pronunciado alcor. Hacia el 1800 a.C., durante la Edad del Bronce, se comienza a concentrar la población, aunque el florecimiento de la ciudad llegaría con la etapa tartésica, un milenio a. C. A partir de este núcleo se desarrolló posteriormente la importante colonia cartaginesa con el nombre de Kar-Hammon, época en la que se construyó el complejo defensivo de la Puerta de Sevilla, lo que, unido a otras fortificaciones, la convertían en la ciudad mejor defendida de toda la Bética.

Desde el año 206 a. C, los romanos invaden la zona y le cambian el nombre, pasando a llamarla Carmo. De esta forma, se convirtió en uno de los núcleos urbanos principales de la región, e incluso obtuvo el privilegio de acuñar moneda. La floreciente Carmo participó en la guerra civil de César contra Pompeyo y consiguió la categoría de municipio. Hacia el año 712 la ciudad es invadida por los árabes, y Qarmuna llega a constituir un importante reino taifa, hasta que es reconquistada en 1247 por el Rey Santo, quien la repobló y dotó de fuero propio. Así lo recuerda el pueblo todos los años cuando en los alrededores de la ermita de San Mateo conmemora con una romería la conquista de Carmona por Fernando III, el 21 de septiembre, festividad de este santo. Durante el reinado de Pedro I el Cruel, Carmona fue objeto de predilección real; de hecho, el Alcázar de la Puerta de Marchena se convirtió en una de sus residencias favoritas. En 1630 obtiene la categoría de ciudad, y algunos siglos después se convierte en testigo privilegiado de acontecimientos históricos, como el pronunciamiento de O´Donnell de 1854, o la muerte en la cárcel de Carmona del último presidente de la República, Julián Besteiro.

CÓMO LLEGAR

  • Situación: A 30 kilómetros de Sevilla, por la autovía Sevilla-Córdoba. - Extensión: Es la segunda localidad más extensa de la provincia con 92.000 hectáreas, divididas en tres zonas: Los Alcores, Las Terrazas y La Vega.
  • Población: 25.266 habitantes.
  • Oficina de turismo: Arco de la Puerta de Sevilla, s/n. Teléfono: 954.19.09.55 http..//www.andal.es/carmona

DÓNDE QUEDARSE

Carmona cuenta con una amplia oferta de hoteles donde poder alojarse para visitar esta monumental ciudad. Destacan el Parador de Carmona, de cuatro estrellas; el Hotel Casa Palacio-Casa de Carmona, de cinco estrellas; el Motel El Águila, de cuatro estrellas y el Hotel Alcázar de la Reina, de cuatro estrellas, entre otros.

NO SE PIERDA

  • La Necrópolis romana
  • Las Puertas de Sevilla y de Córdoba
  • La Iglesia Prioral de Santa María

Restos arqueológicos: LA NECRÓPOLIS ROMANA

Cuando los romanos conquistan Carmona, la ciudad se había convertido en un importante enclave cartaginés, con unas defensas tan poderosas que a juicio de César constituían el punto mejor protegido de toda la región Bética. Roma adapta la vieja ciudad a los nuevos conceptos urbanísticos. Se traslada su centro a las inmediaciones de la Plaza de Arriba, se construyen las Puertas de Morón, de Sedía y de Córdoba, y a un lado de la Via Augusta se sitúa la Necrópolis, un magnífico tesoro que hoy el visitante puede admirar. Este conjunto arqueológico, formado por la Necrópolis y el Anfiteatro, data del siglo I de nuestra era. La Necrópolis es uno de los yacimientos más importantes de la Península Ibérica, así como uno de los mejor conservados. Está compuesta por enterramientos colectivos, básicamente, que acogen restos humanos incinerados. En el lugar se han descubierto más de 250 tumbas, entre las que destacan dos “joyas”: La Tumba del Elefante y la Tumba de Servilia. El rito de la incineración se llevaba a cabo en quemaderos excavados en la roca donde se colocaba la pira, y, a veces, los mismos quemaderos servían también como enterramiento. Una vez tapadas las fosas y cubiertas de tierra, se colocaba una estela grabada con el nombre del difunto. El mausoleo colectivo tenía un carácter familiar y estaba formado por una cámara subterránea a la que se accedía por un pozo escalonado. La Necrópolis de Carmona conserva un gran número de pinturas decorativas que intentaban disimular la tosquedad de las rocas en las que insertaban los enterramientos, como es el caso de la Tumba de las Guirnaldas. La citada Tumba del Elefante, una de las más interesantes, toma su nombre de una escultura de este animal que se encuentra en la cámara que acoge las urnas cinerarias. En realidad, se trata de un santuario dedicado a las divinidades de Cibeles y Attis, dioses venerados en Roma, pese a su origen oriental. La Tumba de Servilia, la más impresionante de las conservadas en Carmona, recibe su nombre de uno de los personajes sepultados en ella: parece ser que Servilia era la hija de algún poderoso funcionario romano de Carmo. En cualquier caso, la tumba, como la mayoría de las encontradas en esta zona, es de tipo familiar, y reproduce una lujosa mansión, con un amplio patio porticado al que se abrían diferentes estancias en dos pisos. Una de ellas cuenta con una cámara donde, al parecer, se encontraba originariamente una escultura de Servilia, estatua que actualmente se expone en el magnífico museo de la Necrópolis, aunque sin cabeza. Otra de esas estancias albergaba la cámara funeraria, que cuenta con un gran vestíbulo, de planta trapezoidal, cubierto por una bóveda apuntada, que le otorga un carácter único. En cuanto al anfiteatro, que data también del siglo I, no está abierto al público.

LOS TESOROS

El pequeño museo, en el que se exponen los restos descubiertos en la Necrópolis, cuenta con cuatro salas: - La primera contiene materiales prerromanos, entre los que se encuentran algunas piezas del siglo V a. C. procedentes de una excavación realizada en el Alcázar. - La segunda muestra restos del siglo I d. C. hallados en las tumbas, tales como diferentes tipologías de urnas, lucernas, vidrios y muestras de esculturas, como la figura del dios Attis perteneciente a la Tumba del Elefante. - La tercera se dedica en exclusiva a la Tumba de Servilia: su estatua, la escultura de un niño y la de una bacante, restos de pintura mural, etc. - La cuarta expone numerosas piezas de vidrio y cerámica. EL DIOS QUE MORÍA Y RESUCITABA Attis era una deidad que moría y resucitaba cada año, tradición que caló hondamente entre los habitantes de Carmona, tal y como demuestran otros restos conservados en esta necrópolis. Siguiendo el mito de Attis, los admiradores de éste celebraban diversos ritos entre el 15 y el 27 de marzo (coincidiendo con el equinoccio de primavera) y la celebración se completaba el 25 de diciembre, nueve meses después (con el solsticio de invierno), encarnando así el ritual de la muerte y el renacimiento del dios.

EL DUEÑO DE LA NECRÓPOLIS George (o Jorge, como le llaman en esta tierra) Bonsor era un francés que, aconsejado por su padre, visitó Carmona para pintar sus paisajes. El destino quiso que allí conociera, se enamorara y se casara con Gracia Sánchez, razón por la que decidió afincarse en esta localidad, en la que aprendió a amar la arqueología y donde entró en contacto con un grupo de eruditos locales aficionados a esta ciencia. Hasta tal punto se implicó en la historia de la ciudad que, junto con su amigo Juan Fernández, compró el “Campo de las Canteras”, finca en la que se encuentra la parte central del yacimiento, y en el que comenzaron las excavaciones en 1883. En 1885 se abrían al público la Necrópolis y su museo, el cual constituía uno de los primeros de carácter arqueológico en España.

LOS RITOS FUNERARIOS Los “funus” eran el conjunto de ritos que se realizaban desde la muerte hasta la inhumación. Incluían un sacrificio que se ofrecía a los dioses el noveno día tras las exequias y una cena, en la cual los invitados se quitaban el duelo. Suponían costes tales que sólo podían permitírselos las familias adineradas.
El ritual comenzaba con el beso supremo de despedida y seguía con el cierre de los ojos del cadáver por parte de los hijos; a continuación, se le llamaba a voces, costumbre que podría tener como objetivo impedir que el alma errase sin sepultura. Después, se lavaba y se perfumaba el cuerpo vistiéndole con una toga blanca, y más tarde, se le colocaba una moneda en la boca, pieza que se creía que servía para pagar al barquero Caronte, encargado de trasladar las almas a los infiernos. Durante varios días se exponía el cuerpo y se evitaba encender fuego en la casa en señal de duelo. Las costumbres que seguían las clases más desfavorecidas eran mucho más simples: se dejaba al fallecido en su camastro hasta el momento de llevarle a un cementerio público. Previamente al funeral, un sirviente era enviado a comunicar la noticia a los parientes y conocidos. Se trasladaba el cuerpo hasta el cementerio en una especie de ataúd de madera, portado mediante parihuelas por los hijos o amigos del muerto, que era seguido por el cortejo fúnebre. En éste participaban las plañideras, que se golpeaban el pecho, se arañaban hasta hacer brotar la sangre, lloraban, se arrancaban el cabello y gritaban hasta llegar al cementerio. En el mundo romano coexistían dos sistemas diferentes de enterramiento: la inhumación, que simbolizaba la vuelta a la tierra de la que nació el ser humano, y la incineración, que permitía al alma del difunto volver al cielo, del cual había partido. Éste último, característico de la Necrópolis de Carmona, comenzaba con la colocación del cuerpo en una pira; a continuación se le abrían los ojos para ver el cielo y se depositaban junto a los objetos preciosos que habían sido de su uso personal. Se mataba también a sus animales preferidos para quemarlos con el fallecido y se le arrojaban regalos. A continuación, los participantes del cortejo, en especial los familiares y amigos íntimos, prendían fuego a la pira con antorchas. El final de la ceremonia llegaba cuando se apagaban las brasas con agua o vino y los asistentes le daban al muerto su último adiós con el deseo de que la tierra le fuera leve. Los parientes recogían los huesos calcinados en un lienzo; tras unos días se depositaban en una urna y se colocaban en la tumba por el familiar más cercano, que, según la tradición, debía ir descalzo. Sin embargo, el ritual no acababa en este punto, ya que tras la incineración, los asistentes habían de purificarse mediante la aspersión con agua perfumada con una rama de laurel y pasando, simbólicamente, por unas brasas.

Edificios civiles

Palacios y casas señoriales Carmona es una localidad rica en número y calidad de casas señoriales y palacios, ya que, además de las situadas en la Plaza de San Fernando, podemos encontrar numerosos edificios de interés histórico-artístico. Son abundantes los palacios barrocos, de los siglos XVII y XVIII.

   - Ayuntamiento: El actual edificio del Ayuntamiento de la ciudad es de estilo barroco y está fechado en el siglo XVII, pero lo más destacado del mismo es ajeno a él: un formidable mosaico romano en cuyo centro aparece la cabeza del monstruo mitológico Medusa, descubierta en excavaciones en la calle Pozonuevo a principios de los años veinte (también aparecieron varias termas romanas). Se instaló en el patio de la Casa Consistorial algunos años después, aprovechando una remodelación del edificio.
  - Conjunto de la plaza de San Fernando:  Esta plaza se encuentra en el centro del casco histórico, colindante al actual Ayuntamiento, y constituye un hermoso conjunto rodeado por mansiones mudéjares y renacentistas.

Los edificios más antiguos existentes en ella corresponden al siglo XVI y entre ellos resalta especialmente la casa situada en la esquina occidental que aparece ornamentada con azulejos de cuenca; es de estilo mudéjar y podríamos datarla en el segundo tercio del siglo XVI. Junto a ella descubrimos el edificio del antiguo Ayuntamiento, hoy convertido en sede de la Policía; aunque no se encuentre en buen estado de conservación, se adivina un pasado majestuoso. De hecho, presenta una galería sobre columnas de mármol blanco en el primer piso. Según consta en una inscripción en su portada, se construyó en el año 1588. Además de éstas, podríamos destacar, aunque posteriores en el tiempo, las casas que ocupan el flanco este, que datan de principios del XVII, aunque fueron reformadas durante el siglo XVII. Los edificios presentan galerías porticadas con vanos adintelados o arcos de medio punto que descansan sobre pilares de ladrillo o columnas marmóreas. Algunas de ellas conservan restos de azulejería lisa o decorada. En la zona sur de la Plaza de San Fernando, se encuentra otro edificio, reformado en época reciente, que corresponde a una obra de la segunda mitad del siglo XVIII, que posee un atractivo mirador en el centro. Finalmente, en el flanco norte hay casas de cronología muy diversa, aunque las más antiguas son barrocas y las más modernas, del siglo XIX. - Otras construcciones: Otros ejemplos que se pueden mencionar son el Palacio de los Rueda, situado frente a la Iglesia Prioral de Santa María, que destaca por su portada de dos cuerpos con un remate semicircular entre pirámides; el Palacio de los Aguilar y la neoclásica Cilla del Cabildo.

UNA PLAZA PARA MILIKI El genial payaso Emilio Aragón, más conocido como Miliki, es natural de Carmona, localidad con la que mantiene fuertes lazos sentimentales, tanto él como su popular familia, hasta el punto de que una de sus hijas contrajo matrimonio en ella. De ahí que la ciudad haya querido honrarle con una plaza que lleva su nombre.

MUSEOS

Museo de la Ciudad

El origen de la Casa-Palacio del Marqués de las Torres data del siglo XVI, aunque fue reformada posteriormente en el siglo XVIII. Posee un patio que articula el espacio interior de este palacio, cuya estructura marca una clara separación entre el espacio palaciego y la zona dedicada al servicio. Actualmente, alberga el Centro de Interpretación de la Ciudad, así como el Museo Etnográfico y Arqueológico carmonense. El museo muestra diversos restos y piezas encontrados en yacimientos de la ciudad, especialmente el de Saltillo. Precisamente en éste fue descubierto el famoso “Vaso de los Grifos”, vasija del siglo VII a. C., cuya ornamentación representa unas aves mitológicas que constituyen el símbolo de la localidad. El palacio cuenta también con restos que nos invitan a recorrer, por medio del arte y la arqueología, la historia de los diferentes pueblos que han pasado por Carmona, desde los tartesios hasta nuestro siglo, pasando por los romanos y los árabes.

El citado museo cuenta con doce salas temáticas: la primera está dedicada al período Paleolítico; la segunda, a la Carmona tartésica; la tercera, a la Carmona turdetana; las salas cuarta, quinta, sexta y séptima, a la época romana; las octava y novena, a la medieval islámica; la décima, a la medieval cristiana y a la Carmona moderna, junto con la número once, y por último, la duodécima y las galerías, a la Carmona contemporánea.

5.Arquitectura militar El recinto amurallado Las murallas de esta ciudad tenían un perímetro de unos 3.600 metros, que rodeaba un recinto de casi cincuenta hectáreas. Casi todas las construcciones militares de Carmona que se conservan actualmente pertenecen a la época romana y a la medieval, ya sean cristianas o musulmanes, si bien es cierto que se basaron en construcciones cartaginesas previas, e incluso anteriores a éstas. Se utilizaron, por tanto, materiales diversos, como piedras (algunas almohadilladas), mampostería, argamasa… Las murallas contaban con una serie de torres defensivas, colocadas a intervalos desiguales, con remate almenado, así como con una serie de puertas abiertas a las principales vías de comunicación, de las cuales se conservan dos: la de Sevilla y la de Córdoba. Sin embargo, se conoce la existencia de otras, ya desaparecidas, como las de Morón y la de la Sedía, además de varios portillos: Albuceyte, Albollón, Torre de las Abejas...

-Alcázar de la Puerta de Sevilla. Se encuentra situado en el flanco oeste, que era la zona de más fácil acceso, lo cual explica su carácter casi inexpugnable. Hoy en día esta enclavado en la llamada plaza de Blas Infante. Se levanta sobre la citada Puerta de Sevilla y, como es habitual en esta ciudad, su construcción se debe a diferentes civilizaciones. De hecho, aunque su aspecto actual comenzó a gestarse entre el siglo III y II a. C., se conocen datos de fortificaciones en esta zona entre los siglos XIV y XII a. C. Los cartagineses fueron quienes empezaron a erigirlo y, posteriormente, los romanos lo reforzaron y añadieron la puerta antes mencionada en su cara interior, con sencillos arcos de medio punto. Por su parte, los almohades fueron los autores del gran arco de herradura apuntada del exterior, el matacán situado sobre él y la disposición en eje acodado que tuvo la puerta, hoy desaparecida. Además, entre los siglos IX y XII se construyeron los aljibes, muros y barbacanas. Fue restaurado entre 1973 y 1975 y actualmente sus dependencias se utilizan para la celebración de actos culturales. Además, alberga la Oficina de Turismo de la ciudad. Aun hoy, el visitante puede admirar su Torre del Homenaje, compuesta por dos cámaras, que llega hasta la altura del patio y conserva intactos los sillares almohadillados. Destaca también en el conjunto la Torre del Oro desde donde se disfruta de una magnífica vista de la localidad, el Patio de los Aljibes (llamado así porque conserva en el centro un aljibe excavado en la roca con seis lumbreras alrededor) y el Salón de los Presos. Éste último pertenece a la época almohade, aunque fue ampliamente modificado en los siglos XIV y XV; se estructuraba en dos plantas, estando la inferior comunicada mediante un triple pórtico con el patio.

-Puerta de Córdoba. Se halla en el extremo oriental y su construcción data de época romana, concretamente del siglo I de nuestra era. Aunque se sabe que esta puerta contaba, como la de Sevilla, con un Alcázar defensivo, nada queda de él hoy en día. En cualquier caso, parece ser que estaba situado en la altura existente a la derecha del pórtico y que se trataba de una gran fortaleza con dos puertas protegidas por torres. El motivo de su destrucción tiene raíces históricas: fue el lugar donde Martín López de Córdoba, Maestre de Calatrava, se encerró con los hijos y tesoros del rey Pedro I para luchar contra Enrique II de Trastamara, el cual, tras vencer su resistencia, y dado que había servido de prisión para su madre, ordenó su desmantelamiento. El Alcázar fue reconstruido más tarde, durante el reinado de Enrique III, pero su destino no era sobrevivir mucho tiempo: durante el siglo XV fue escenario de las luchas rivales entre las casas de Arcos y Medina-Sidonia; el pueblo, que lo consideraba el refugio de sus expoliadores, volcaba en él todo el odio acumulado durante los años que llevaban sufriendo las guerras feudales. De ahí que los Reyes Católicos permitieran la destrucción del recinto cuando acabaron con estas luchas. Y así fue: una muchedumbre enfervorecida tomó la fortaleza y la demolió en apenas cuatro días.

El edificio presenta una planta que consiste fundamentalmente en un muro de sillería almohadillada, de unos diez metros de altura, escoltado por dos torres militares defensivas, rematadas con almenas. Se cree que contaba con tres huecos, aunque de su primitiva estructura sólo conserva actualmente las citadas torres. Al igual que la de Sevilla, esta puerta ha conocido numerosas reconstrucciones. De hecho, en 1603, tras venirse abajo los arcos de la puerta, hubo que reestructurar todo el edificio. Se acometieron nuevas obras en 1648 y en 1688, y se repitieron en el siglo XVIII, en plena época neoclásica. Es la única puerta romana de la península con carácter defensivo que cuenta con tres vanos. El paso central consta de un arco de medio punto encuadrado en dos pares de columnas toscanas, existiendo otras dos junto a las torres. Sobre dichas columnas se encuentra una balaustrada figurada, que tiene en el centro un cuerpo superior con balcón que está rematado por un frontón triangular con jarrones en sus ángulos.

-Alcázar de Arriba o del Rey Don Pedro. Su nombre se debe a que durante muchos años fue la residencia favorita de este monarca. Se encuentra enclavado en el extremo este del recinto amurallado, en la zona más elevada de Carmona. Su origen romano no está aun comprobado, pero si se sabe que adquirió su forma con los árabes; en esta época se convirtió en la residencia del gobernador y, más tarde, en el rey taifa de la ciudad. Desde entonces ha sido objeto de numerosas ampliaciones y reconstrucciones, aunque ha conservado su estructura general. Pedro I se encargó de ordenar la construcción de una puerta de entrada y varias torres, así como de su ornamentación, que corrió a cargo de artistas que trabajaban en el Alcázar de la capital sevillana. Por su parte, los Reyes Católicos fueron los responsables de la creación del “cubete”, cuya función era el almacenamiento de la munición. Su planta es elíptica y se emplearon materiales tales como la sillería y el hormigón; estaba unido al Alcázar mediante dos pasarelas y por el exterior presentaba una moldura en forma de cadena, que actualmente se puede apreciar. El recinto, de forma rectangular, estaba dotado de un complejo sistema defensivo, compuesto por una doble muralla en tres de sus frentes, jalonada por una serie de torres. Consta de dos espacios, uno dentro del otro, separados entre sí por muros, barbacana y un foso. El edificio principal se levanta en el costado izquierdo de la Plaza de Armas, precedido por una entrada denominada Puerta de la Piedad. Desde ésta se accedía a la Nave de los Azulejos, comunicada con el Patio de los Aljibes, en el que se encuentra la escalera que conduce al Salón de los Balcones. Existe otro patio, llamado de la Fuente, que contaba con diversas salas a su alrededor y con un pequeño oratorio. Todas estas dependencias estaban ricamente ornamentadas mediante yesería, azulejos, pinturas y frescos, piezas de mármol, etc. Además de las reformas comentadas, el recinto hubo de repararse especialmente tras sufrir serios daños a causa del terremoto de Almería de 1504 y, sobre todo, del de Lisboa de 1755, el cual fue el origen de su ruina. A pesar de todo, en nuestra época se ha intentado recuperar, y de hecho constituye un punto de atracción turística fundamental, entre otras cosas, porque alberga un Parador Nacional, edificio por cuya construcción quedó deformado el patio de armas.

EL CINE EN CARMONA La abundante riqueza arquitectónica de esta ciudad ha servido para que muchos directores de cine la hayan escogido como escenario natural de sus películas y rodajes: en sus calles y casas se rodó la serie de televisión sobre Mariana Pineda, que fue protagonizada por Pepa Flores; la película basada en el crimen de los Galindos, que tuvo como protagonista a la jerezana Lola Flores, sobre el texto de la novela de Alfonso Grosso “Los invitados”; más recientemente, se rodó “La duquesa roja”, con Rosa María Sardá y Loles León, y la obra de Mateo Gil “Nadie conoce a nadie”, que contó entre su reparto con el joven actor Eduardo Noriega.

4.Edificios religiosos.

-Iglesia Prioral de Santa María El templo más importante de la ciudad comenzó a construirse en 1424 sobre la Mezquita Mayor de la ciudad y sus obras no finalizaron hasta 1578. Se advierte la influencia de la Catedral de Sevilla, ya que algunos de los maestros que trabajaron en ésta participaron también en la construcción de Santa María. De la citada mezquita se conserva el shan o patio de las abluciones, hoy llamado de los Naranjos, donde se encuentra una columna en cuyo fuste aparece grabado un calendario visigodo del siglo VI, único en España, probablemente perteneciente a algún otro edificio de la zona y que fue aprovechado por los musulmanes como material de acarreo para la construcción de su templo. El patio presenta una galería porticada en dos de sus frentes, siendo los soportes columnas de mármol o granito. En el lado norte del patio se abren siete arcos, el central más amplio, ya que fue reformado para permitir las entradas y salidas de los pasos procesionales, y los laterales con forma de herradura apuntada. El visitante que entra por primera vez en la Iglesia queda impresionado por la grandiosidad de sus bóvedas y pilares. El estilo del templo es gótico, aunque en su construcción se pueden distinguir dos etapas: en la primera trabajó el arquitecto Rodrigo de Guivaja, responsable de la zona del edificio que va desde los pies hasta el crucero. Posteriormente, el gran maestro de la Catedral de Sevilla, Diego de Riaño, retomó la obra y construyó la zona que abarca desde el crucero hasta la cabecera y el coro. Otros artistas continuaron trabajando en el templo tras Riaño. En concreto, fueron Juan de Escalona, artífice de la capilla de la Virgen de Gracia; el maestro mayor de la Catedral de Sevilla, Hernán Ruiz, responsable de la sacristía y de las piezas aledañas, y Pedro Díaz de Palacios, quien finalizó la obra. El templo presenta planta salón formada por tres naves, con capillas entre contrafuertes, cubiertas por bóvedas de crucería sexpartita en la zona de los pies y estrelladas en la cabecera. En el cuarto tramo de la nave central se halla el cimborrio, que presenta nervaduras especialmente complejas. En las claves y en los muros porta medallones de ángeles, santos y personajes legendarios. Es curioso observar como, pese a su factura gótica, esta iglesia fue levantada con materiales mudéjares, como el barro cocido. Pero tan impresionante como el templo en sí es su Retablo Mayor, obra cumbre del plateresco andaluz y uno de los más grandes de España. Afortunadamente, se conserva prácticamente intacto, lo cual le otorga más valor aún. El retablo, cuya estructura pertenece a Nufro Ortega, consta de banco, cuatro cuerpos de cinco calles y ático, y fue realizado por del taller de Juan Bautista Vázquez “El Viejo”. Según parece, este artista, intuyendo que podría tratarse de una obra importante, decidió ejecutarla él personalmente, para lo cual solicitó un plazo de tiempo mayor a las autoridades eclesiásticas, quienes se lo concedieron; sin embargo, el autor se demoró más de lo previsto, y la Iglesia comenzó a impacientarse, por lo que, al terminar el primer y el segundo cuerpo, hubo de recurrir a los trabajadores de su taller, que le ayudaron a finalizar la obra. Los relieves representan diversas escenas de la vida de Jesucristo, la Coronación de la Virgen y el Calvario, además de los Padres de la Iglesia. En la capilla de cabecera de la nave izquierda aparece un templete neoclásico que alberga una talla datada hacia 1300 que representa a la Virgen de Gracia, patrona de la ciudad.

El templo alberga en su interior todo un tesoro artístico, ya que, además de la capilla y el retablo mencionados, cuenta con otras piezas muy valiosas: - El Altar del Cristo de los Martirios, atribuido al autor Roque Balduque hacia el año 1550. - La Capilla del Baptisterio, don de encontramos un tríptico pictórico barroco que representa a Santa Marina, San Andrés y Santa Bárbara. - Dos obras de Juan Bautista de Amiens: una en la Capilla de la Virgen del Rosario y otra que cuenta la vida de San Pedro. - Un relieve de la Inmaculada Concepción, de Pedro Duque Cornejo, en la capilla lateral derecha. -Una magnífica custodia, obra del maestro Francisco de Alfaro, fechada en el siglo XVI, en cuya fabricación se invirtieron 80 kilos de plata.

Tesoros del Museo Diocesano El Museo Diocesano de Carmona conserva una magnífica colección de orfebrería, pinturas e imágenes. Las más destacadas son: -El Cristo de los Desamparados, imagen de autor desconocido que, según parece, fue realizada hacia 1300, por lo que es una de las más antiguas de Andalucía. -Un Apostolado de Zurbarán, fechado entre 1637 y 1643, formado por 12 óleos sobre lienzo de reducidas dimensiones, lo que le otorga un carácter muy especial, dada la preferencia del gran artista por las obras monumentales. -Dos portadas de Evangelio del siglo XV, obras únicas por la riqueza de la ornamentación y de los materiales, ya que se realizaron con plata dorada y esmalte. -Un portapaz del XVI de plata sobredorada, esmalte y pedrería. -La espada de San Ignacio de Loyola.

UN BRILLANTE ESCENARIO PARA LA SEMANA SANTA La Iglesia Prioral de Santa María es un marco inigualable para los desfiles procesionales de la Semana Santa. En este templo las ocho hermandades de la localidad realizan su estación de penitencia desde el Domingo de Ramos hasta el Viernes Santo, precedidas el Viernes de Dolores por la procesión de la Virgen de los Dolores, de la Orden Servita. El Domingo de Ramos parte desde la Iglesia del Salvador la primera de las cofradías, La Coronación de Espinas y la Virgen de la Esperanza. Y a partir de aquí, los protagonistas son los barrios de la ciudad, que envían sus corporaciones a recorrer las calles carmonenses, realizando la estación de penitencia en la Prioral, cada una un día de la Semana. El Lunes Santo, la Hermandad del Señor de la Amargura y la Virgen del Mayor Dolor, desde la Iglesia de San Felipe; el Martes, desde San Blas, el Cristo de la Expiración y la Virgen de los Dolores; el Miércoles, la Hermandad del Sagrado Descendimiento y la Virgen de las Angustias, desde San Francisco; el Jueves Santo, Jesús en la Columna y la Virgen de la Paciencia parten desde la Iglesia de Santiago. Por último, el Viernes Santo, tres hermandades procesionan por la localidad: de madrugada, el Cristo de la Humildad y Paciencia y la Virgen de los Dolores, desde el templo de San Pedro; y en la noche, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, de la Parroquia de San Bartolomé, y la del Santo Entierro y la Virgen de la Soledad, desde la Iglesia de Santa Ana. El patrimonio artístico de las hermandades de Carmona es muy rico, como corresponde a esta ciudad. Entre las tallas de Jesús hay que destacar cuatro: el Cristo de la Coronación de Espinas, magnífica obra del siglo XVII, atribuida al círculo de Roldán; la imagen procesional más antigua de Andalucía con autor conocido, el Señor de la Amargura, crucificado de 1521 de Jorge Fernández Alemán; el Cristo de la Humildad y Paciencia, atribuido a Montes de Oca y Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra de Francisco de Ocampo de 1607. En cuanto a las imágenes de Dolorosas, destacan La Virgen del Mayor Dolor, de Benito Hita del Castillo; la Virgen de los Dolores de la Hermandad de San Pedro, obra atribuida a Montes de Oca, y la Virgen de los Dolores de la Hermandad del Nazareno, realizada por Duque Cornejo en 1693. Tan rica como las imágenes es la orfebrería. En este sentido, la pieza más valiosa es el conjunto del paso de palio de la Hermandad del nazareno, realizado en plata y fechado en los siglos XVII y XVIII, lo que le convierte en el más antiguo de Andalucía de entre los que procesionan. Igualmente ricos son los bordados que pertenecen al patrimonio de las hermandades, si bien hay que destacar especialmente el manto de la Virgen de la Paciencia, realizado con hilo de oro sobre terciopelo azul.

LA INSÓLITA DESAPARICIÓN DE UN CUADRO DE DOS SANTOS Junto a la espada del fundador de la Compañía de Jesús se encuentra un lienzo que representa a San Ignacio de Loyola y a San Francisco Javier. Esta pieza vivió una curiosa aventura hace sólo unos años: un día, el prior descubrió que la pintura había desaparecido. Al parecer, alguien la había cortado con un cutter y se la había llevado. Ese mismo día, durante la misa, aseguró saber quien era el autor del robo, y a los pocos días lo recibieron por correo en perfecto estado.

-Iglesia de San Pedro. Está situada fuera del recinto amurallado de la ciudad, en el arrabal histórico. Fue construida en el año 1466 sobre la ermita de la Virgen de la Antigua. Su planta es basilical, formada por tres naves, crucero y capilla mayor. Cuenta este templo con tres portadas también: una situada a los pies y las otras dos en cada extremo del crucero. En el muro izquierdo, a los pies de la nave, se halla la torre, rematada por un cuerpo de campanas. La iglesia fue reformada en diversas ocasiones, pero su aspecto actual se configuró básicamente en el siglo XVIII, época en que se sustituyeron los artesonados mudéjares del techo por bóvedas de arista, tan propias del Barroco. También se construyeron la Capilla Sacramental, el crucero y el testero, y se concluyó la torre. En su interior destaca la mencionada Capilla Sacramental, atribuida al maestro Ambrosio Vázquez de Figueroa, que constituye una auténtica joya del estilo rococó; su cúpula posee una cornisa ondulada muy difícil de encontrar en España. El retablo mayor y los frescos que adornaban los muros se perdieron en un incendio que tuvo lugar en 1984. Afortunadamente se conservan piezas de gran interés en esta iglesia, como una Dolorosa, un Cristo y una imagen de San José con el Niño, de Montes de Oca. Además, destaca también una pila bautismal, firmada por Juan Sánchez Valero a principios de siglo XVI y realizada en cerámica verde vidriada y decorada.

INSPIRADA EN LA GIRALDA SEVILLANA La torre de San Pedro se asemeja bastante a la Giralda de Sevilla, ya que su diseño se inspiró en ella, algo lógico si pensamos que su construcción fue posterior y que casi todas las iglesias de la provincia cuentan con torres inspiradas en la Giralda. De hecho, a la torre de San Pedro se la conoce popularmente como La Giraldilla, y está rematada por una veleta que simboliza la Fe, obra de Alfonso Berraquero.

Convento de Santa Clara Aunque fue fundado en 1460, el presbiterio, los ricos claustros y las yeserías de algunas portadas pertenecen al siglo XVI, y la decoración con pintura mural de la iglesia se realizó durante el XVII. En el XVIII se levantaron la torre-campanario y el mirador. Del interior del templo, de estilo mudéjar, destaca su Retablo Mayor, presidido por la imagen de la titular del convento, obra de 1645 de Felipe de Ribas. El presbiterio aparece adornado con azulejos de cuenca del último tercio del siglo XVI, y en uno de sus altares laterales se encuentra un calvario compuesto por un Crucificado y la Virgen y San Juan, obras fechables en el siglo XVIII.

EL TESORO DE SANTA CLARA Si el interior del Convento de Santa Clara nos cautiva, lo mismo ocurre con los tesoros que las hermanas fabrican con sus manos: nos referimos a las famosas tortas inglesas, entre otros ricos dulces, que se pueden adquirir tanto en el convento como en diversas pastelerías artesanales de la localidad, desde 700 pesetas.

Convento de la Inmaculada Concepción. El establecimiento de este convento data de 1513, siendo la zona más antigua del edificio de la primera mitad del siglo XVI. La iglesia fue sometida a diversas reformas durante la época barroca, a la que corresponden la decoración de pinturas y yeserías del interior del templo. Su estilo es mudéjar, del tipo conventual sevillano, con una sola nave, cubierta por artesonado, y presbiterio diferenciado, cubierto a su vez por una bóveda. De su interior destaca, sin duda, su magnífico Retablo Mayor barroco, que fue realizado por Tomás Guisado en 1734. En su hornacina central aparece una escultura de la Inmaculada Concepción, fechada en el XVI, y en las calles laterales, tallas de principios del XVII de San Francisco y San Antonio de Padua. Otro retablo interesante es el del Cristo de la Veracruz, que aparece acompañado por la Virgen de las Lágrimas y por San Juan.

UNA CURIOSA COLECCIÓN DE NIÑOS JESÚS El coro guarda uno de los tesoros de esta iglesia: una colección de Niños Jesús, que han sido donados por las novicias a su entrada en el convento a lo largo de los años. Las imágenes, que están distribuidas en varias hornacinas en las paredes de la estancia, datan de fechas muy distintas, pero componen un hermoso conjunto.

LA LEYENDA DE LA FUNDADORA Santa Beatriz de Silva, fundadora del convento, era una joven portuguesa que residía en Castilla como dama de la reina Isabel de Portugal, madre de Isabel la Católica. Era tal la belleza de la muchacha que la soberana, no pudiendo soportar la envidia que le producía, ordenó que la encerraran en un cofre, donde permaneció durante dos días. Sin embargo, milagrosamente, Beatriz sobrevivió, y durante su confinamiento tuvo una visión, que le empujó, 30 años después, a fundar la orden de la Inmaculada Concepción. Se dice que hasta que logró su objetivo, hubo de emplearse en otros menesteres pero, para evitar los perjuicios que le ocasionaba su belleza y los duelos en los que los caballeros se enzarzaban por su amor, permaneció todo ese tiempo con el rostro oculto por un velo.

-Iglesia de Santiago Se encuentra situada, al contrario que la de San Pedro, dentro del casco histórico, muy cerca de la Puerta de Córdoba. Cuenta la tradición que se levantó en tiempos del rey Pedro I, en el siglo XIV, sobre una antigua ermita de la que se conserva parte del alminar en su torre. En su interior destaca el Retablo Mayor, obra barroca atribuida a Bernardo Simón de Pineda en el XVII. En la hornacina central aparece el titular de la iglesia, Santiago, y en otros cuerpos se encuentran una imagen de San Fernando y cuatro relieves con la vida del santo, obras realizadas por Pedro Roldán y su taller. La azulejería de esta iglesia constituye de por sí un atractivo suficiente para visitarla. Destacan los azulejos que adornan el Retablo Mayor, del siglo XV, y los de la Capilla de la Virgen de la Paciencia y la Capilla de San José, fechados ambos en el siglo XVI.

-Iglesia de San Felipe Su estructura le convierte en uno de los edificios mudéjares más importantes de Andalucía. Destaca principalmente en San Felipe el impresionante artesonado de la nave central, cubierto con decoración pictórica y relieves con motivos heráldicos. Fue realizado en los talleres de Pedro y Francisco Sánchez, y pintado por Pedro Sánchez de Castro. En su interior encontramos retablos tan interesantes como el de la Virgen del Mayor Dolor, que alberga a la imagen del mismo nombre, obra de Benito Hita del Castillo de 1762 y concebida al modo granadino. Destaca también el altar mayor, que está decorado con azulejos de cuenca del siglo XVI, y en cuyo centro figura el titular, San Felipe, junto con San Juan Nepomuceno y San Juan Evangelista. Encima aparecen unos óvalos con San Pedro y San Pablo, y en el ático, tres escudos, con el martirio de San Felipe, de San Andrés y de San Judas Tadeo. No podemos olvidar una talla atribuida a Montes de Oca que representa a San José, y que fue realizada en el siglo XVIII.

Iglesia de San Bartolomé Se encuentra enclavada esta iglesia dentro del recinto amurallado, muy cerca de la Puerta de Sevilla. Su construcción data del siglo XV, aunque fue modificada tras diversas reformas en los siglos XVII y XVIII. En su exterior domina la torre-fachada, y en su interior, el Retablo Mayor, obra del primer tercio del XVIII atribuida a José Fernando de Medinilla. Este retablo presenta las imágenes de la Virgen de la Piña, así como relieves de San Bartolomé, San Blas y San Cayetano. La capilla colateral izquierda está dedicada a la Inmaculada Concepción, cuya imagen aparece acompañada por las de los arcángeles San Gabriel y San Rafael. Otras esculturas pertenecientes a esta capilla son las de San Francisco de Paula y San Antonio de Padua. La Capilla de Jesús Nazareno cuenta con algunas valiosas imágenes: el retablo frontal lo ocupa un Nazareno de Francisco de Ocampo de 1607, mientras que el de la izquierda alberga una talla de 1696, de Pedro Duque Cornejo, que representa a la Virgen de los Dolores.

Iglesia de San Blas Construida sobre los restos de una antigua sinagoga en el siglo XIV, este templo se levanta en uno de los barrios más antiguos de la ciudad, el de San Blas. De hecho, en esta misma zona, a escasos metros de la iglesia, se encontraba el yacimiento arqueológico de Saltillo, que data de siglo VI a.C., en el que se dice que existió un templo dedicado a un dios oriental. Impresiona de esta iglesia la ornamentación de su Retablo Mayor con ricas pinturas de estilo rococó. Aparece en dicho retablo una imagen del titular, junto con tallas de San Estanislao de Kostka y San Juan de Berchmans. Igualmente interesante es la imagen que se conserva de la Virgen de los Dolores, obra anónima del siglo XVIII, que se halla en un tabernáculo neoclásico. Pero las joyas de este templo no sólo se encuentran en su interior, ya que su torre-fachada con chapitel de azulejos constituye, por sí sola, un gran atractivo.

Iglesia de El Salvador Actualmente sin culto, esta iglesia se utiliza ocasionalmente como centro de exposiciones (como la que tuvo lugar en el verano de 1999, llamada “Vivir las Ciudades Históricas”). Se sitúa dentro del casco histórico, en pleno centro de la ciudad, junto al Ayuntamiento. Está construida sobre una antigua ermita dedicada a San Teodomiro, y data de finales del siglo XVII. Las piezas más valiosas de este templo son el Retablo Mayor y la talla del Cristo de la Coronación, atribuida a Pedro Roldán, que representa a Jesús atado a una columna. El citado retablo es una obra de 1722 del carmonés José Maestre, que incluye en la hornacina central una escultura del Salvador, apareciendo sobre ella una imagen de San Teodomiro. En las calles laterales se encuentran las imágenes de los arcángeles San Miguel y San Gabriel, mientras que en el ático aparecen cuatro alegorías de virtudes y un relieve con la Aparición de Cristo a San Ignacio También es interesante el retablo barroco de la Virgen de los Dolores, que alberga imágenes de San Felipe Benicio y de dos santos franciscanos.

-Convento de las Descalzas Este edificio barroco, diseñado por el arquitecto Diego Antonio Díaz, fue construido entre 1718 y 1748; tiene planta de cruz latina y una cúpula sobre pechinas, decorada con hojarasca, angelitos y medallones con los Evangelistas. El Retablo Mayor está sin dorar y corresponde al tercer cuarto del XVIII; en él destacan imágenes de madera policromada de diversos santos, como San Nicolás Tolentino, San Juan de Sahagún, Santa Verónica, Santa Agustina, San Pedro…

-Ermita de San Francisco o de San Sebastián Habitualmente cerrada al culto, la ermita se levanta junto a los restos del convento franciscano del mismo título, y, también como en otros casos ha sufrido numerosas transformaciones a lo largo de su historia. En la actualidad, consta de una sola nave cubierta por una bóveda, aunque lo más destacado de su zona exterior es su espadaña. El Retablo Mayor es de estilo neoclásico y esta fechado a principios del siglo XIX. Se compone de una imagen del Cristo de la Quinta Angustia o del Descendimiento, una Dolorosa, obra moderna del imaginero Castillo Lastrucci, y una tercera de San Juan. En el muro izquierdo se sitúa un retablo dedicado a Jesús Cautivo que, al igual que gran parte de las tallas alojadas en esta ermita, procede de otra iglesia. En el derecho encontramos una escultura de San Isidro Labrador, del siglo XVIII.

-Ermita de Nuestra Señora de Gracia En esta ermita permanece una parte del año la patrona de la ciudad, de la cual recibe su nombre. Se construyó a lo largo del siglo XVI, aunque sufrió una importante reforma debido a los estragos que produjo el famoso terremoto de Lisboa en 1755. Presenta una sola nave, dividida en dos tramos cubiertos con bóvedas. El primer domingo de cada mes de septiembre, el pueblo de Carmona se traslada en peregrinación hasta esta ermita, en cuyos alrededores transcurre el festejo durante todo el día, hasta la vuelta del simpecado a la Iglesia Prioral. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Gracia tiene lugar del 8 al 16 de septiembre.

LA LEYENDA DE LA VIRGEN DE GRACIA Como muchas otras localidades andaluzas, Carmona también posee una leyenda que explica el origen de la devoción hacia su patrona. Cuentan que un pastor, mientras cuidaba su rebaño, estaba cosiendo un zurrón, y durante su tarea se le cayó la aguja. Al no poder encontrarla, empezó a tantear la tierra, y al punto notó algo extraño: algo que al tacto le pareció madera. Al excavar para sacarlo, descubrió la imagen de una Virgen en una urna de piedra natural. El pastor trató de extraerla y con el último tirón brotó agua del lugar en el que había permanecido oculta. La leyenda continua explicando que el pueblo, al conocer la noticia, bajó en procesión hasta la zona donde hoy se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Gracia, donde fue hallada la imagen y la llevaron hasta la ciudad. La talla fue colocada en la Iglesia Mayor, pero misteriosamente, al día siguiente, había desaparecido, siendo encontrada más tarde en el sitio donde salió a la luz gracias al pastor. Las gentes de Carmona, pensando que la Virgen prefería aquel lugar, encomendaron su custodia a la Orden de los Jerónimos, que levantaron allí una ermita que aún hoy existe. Ciertamente, éstos cuidaron de la patrona hasta que la desamortización de Mendizábal les despojó de sus tierras, volviendo así la imagen al templo mayor, al menos durante una parte del año.

Hospital de la Santa Caridad En 1510 fue fundado el Hospital de la Misericordia y la Caridad de Nuestro Señor Jesucristo por Doña Beatriz Pacheco, duquesa de Arcos, quien cedió para ello algunas casas de su propiedad. En 1670 se incorporó la Hermandad de la Santa Caridad, que data de algún tiempo antes, y en el 1782 se unió el Asilo de Huérfanas de la Coronación de Espinas, fundado por la marquesa de Saltillo. Actualmente, alberga un asilo de ancianos, además de la citada Hermandad de la Caridad. En su interior encontramos restos arquitectónicos de los siglos XIV, XV y XVI, como, por ejemplo, su sala de juntas o los pilares de ladrillo del patio. La sala de juntas cuenta con una ornamentación muy especial: una colección de 12 pinturas sobre cobre, de autor desconocido, aunque perteneciente a la escuela flamenca. Están fechadas en la segunda mitad del XVII y reproducen diversos pasajes del Credo. En la misma estancia encontramos otra magnífica pintura en cobre que representa un “Ecce Homo”, además de un “San Francisco” atribuido a Zurbarán. En cuanto a la iglesia, su Altar Mayor está presidido por un cuadro de La Visitación de autor anónimo; destaca en ella, también, un crucifijo de marfil y el sagrario de madera policromada.

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