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Saturday 25 de October del 2014

Turismo

AMMAIA: UNA CIUDAD ROMANA POR DESCUBRIR

Adela Cillán
Wednesday 16 de May de 2012

A escasos siete kilómetros del término municipal de Marvâo se encuentra una ciudad romana sepultada. Desde los años 90 este territorio es objeto de investigaciones arqueológicas para desvelar los misterios de un yacimiento histórico de más de tres mil metros cuadrados.

Nos trasladamos hasta el territorio portugués para viajar en el tiempo de la mano del arqueólogo Joaquín Carvalho y mostrar así los secretos de una localidad lusa hoy día fantasmagórica y desconocida en el mapa que tuvo más de cinco siglos de vida, otorgando dominio a romanos y musulmanes. Un paisaje en ruinas, excavado pacientemente por arqueólogos, declarado monumento nacional desde 1949 que es todo lo que resta de uno de los principales puntos estratégicos para el mercado romano en la península ibérica.

A lo lejos se aprecia un llano campo con pasto, árboles con las hojas caídas y unos hoyos excavados junto a unas columnas y piedras erosionadas que emergen de la superficie. Aludo a un territorio hoy reconocido como Ammaia, situado en S. Salvador de Aramenha, en el concelho portugués de Marvâo. Pasa totalmente desapercibido sino sabemos que hay un museo monográfico abierto al público, al cual me dirigí para entrevistar al arqueólogo doctor Joaquín Carvalho.

Una vez allí me atendió con la amabilidad innata de la ciudadanía portuguesa. Fue una entrevista sin prisas, me dedicó todo el tiempo que mi trabajo requería sin dar la más mínima sensación de querer finalizar. Podría decir que fue una dedicación a tiempo completo. El doctor contestaba a mis interrogantes a la vez que me enseñaba físicamente inscripciones pétreas, tinajas, ánforas, anillos, agujas de coser seda, vasijas de cristal elaboradas en Ammaia con el cuarzo extraído de su sierra, lugar hoy conocido como “Parque Natural da Serra de Säo Mamede”.

En esa mañana tranquila de viento pero de amenazante lluvia, nada me hacía pensar cuando atravesaba las puertas de ese centro de investigación y comencé a hablar con el responsable de turismo y posteriormente con Joaquín Carvalho, uno de los quince arqueólogos que trabajan actualmente en los laboratorios de este territorio, que los terrenos que estábamos pisando, ahora una casa-museo donde se dan cabida a parte de los restos arqueológicos hallados, se iba a encontrar una gran ciudad romana.

Tres siglos de pensamiento equivocado. Me comentaba Joaquín que en Portugal siempre se supo de la existencia de una ciudad romana. Durante siglos se pensó que con toda seguridad y sin lugar a dudas se encontraría bajo la ciudad de Portalegre. Ese pensamiento fue producto de existir en ella una muralla romana en la iglesia del Espíritu Santo. Incluso en el interior de la iglesia se encontraba una piedra tallada, en mármol, con la inscripción “CIVITA AMMAIA” lo que no dada lugar a dudas sobre el emplazamiento. En esa piedra, que data de la época del emperador Claudio, en el s. I, quedaba muy claro que no había sido una simple localización ya que la inscripción ponía a todas luces que tenía la categoría de “civita”, ciudad. Inscripción que hoy se conserva en el museo de arqueología de Ammaia.

En la localidad de Castelo de Vide, a unos 20 Km de Portalegre se localizó una puerta de entrada a una ciudad romana. Esos fueron los motivos de los errores sobre la ubicación de la buscada ciudad de Ammaia. A medio camino entre esas dos localidades junto al pueblecito de Sâo Salvador de Aramenha se sabía de la existencia de restos romanos pero se pensaba que se trataba de otra ciudad que posiblemente fuese Medóbriga, ya que en una inscripción en una piedra situada en el puente romano de la localidad cacereña de Alcántara figuran los nombres de los pueblos romanos que colaboraron en su construcción, dándose cuenta posteriormente que Medóbriga era el nombre con el que eran conocidos los habitantes de Ammaia.

Allí junto a Säo Salvador de Aranenha se encontraba la “Quinta dos curas” (Finca de los curas, ya que en la antigüedad había pertenecido a la iglesia). Esa finca fue, posteriormente propiedad privada de una acaudala dama de Portalegre, Condensa de Montserrat, la cual la tenía arrendada a agricultores de la zona. Estos agricultores en sus labores de arado de cuando en cuando encontraban indicios de la existencia de una ciudad romana confundida con Medróbriga. Fue en 1935 cuando se descubrió que los curas habían utilizado piedras de esa finca para la construcción de iglesias en Portalegre, Marvâo y Castelo de Vide a donde en 1710 fue traslada la puerta romana antes mencionada. “Los arqueólogos mantenemos la idea de que Ammaia ha crecido desde una aldea a una ciudad con mayor poder (civitas) y un municipio hasta el siglo III-IV, momento en el que el Imperio Romano empieza a desmoronarse”, comenta Joaquín.

Pero ese no fue el único expolio en Ammaia ya que una familia inglesa afincada en Portelegre, los Robinson (fundadores de una fábrica de corcho), consiguieron llevar a su país de origen veinte estatuas romanas, conservándose sólo en este territorio la estatua del busto del hermano de Nerón, emperador que ordenó su muerte. Se sabe con certeza que diez piezas se encuentran en el British Museum. El museo Ammaia se ha puesto en contacto con el centro británico sin recibir contestación al respecto

Asentamiento minero. El motivo principal del asentamiento por parte de los romanos fue la extracción de oro en una mina a cielo abierto en el margen izquierdo del río Tajo lusitano “cuenta alrededor de 120-130 hectáreas y fue explotada durante la década de los años 50”. Además de minas de hierro y plomo, durante el mandato de Plinio el Viejo, en el siglo I, también se extrajeron de la sierra piedras semipreciosas y cuarzo o cristal de rosa en gran cantidad que se utilizó, como se ha podido comprobar, para la elaboración de vidrio en la propia ciudad, “continúan las labores de investigación para saber exactamente el punto de localización”. Actualmente hay sesenta piezas de vidrio, también se han hallado fragmentos de mosaico que están en el Museo Nacional de Lisboa, donde existen más de doscientas piezas de Ammaia, aunque sólo siete de ellas están expuestas. Se eligió exactamente este lugar por la existencia de la inmensa riqueza freática del subsuelo, de hecho justamente al lado de lo que fue la ciudad está hoy día la “Quinta Ohlos de Agua” cuya fácil traducción es pozos de agua. Estos materiales eran trasladados a Lisboa, desde donde se entiende se realizaba toda la exportación a otras partes del Imperio.

Los pobladores de Ammaia obtuvieron la condición de romanos. Estos ciudadanos se dedicaron además, a la agricultura de cereal y a la ganadería, principalmente a la cría de caballos para el ejército. Era una ciudad con buena posición económica y estratégica (militar) sobre todo, en una primera fase, “Ammaia creció de manera similar a la capital Mérida pero a un nivel menor” apunta el arqueólogo. Nos encontramos ante una de las principales rutas comerciales, por su cercanía a la capital de la Lusitania con quien mantenía contacto comercial junto a Lisboa, Évora o Cáceres (Ruta de la Plata). La ciudad era un caudal para el comercio y el pasaje de personas. Podemos decir que se atravesaría esta localidad como puesto dejando riquezas y otorgándole status, que sirvió para convertirlo en municipio y posteriormente en civitas.

Dependía políticamente de Mérida cuya vía de comunicación se sitúa a lo largo de la Sierra de Ammaia, hoy día Sierra de Säo Mamede, para llegar por ella hasta la localidad de la Codosera y en línea recta hacia Mérida. Como decíamos, las relaciones comerciales traspasaban fronteras, no únicamente, con Norba, Itálica, y la hoy Lisboa hacia donde se dirigía el mineral para ser embarcado hacia Roma, sino con todo el mundo conocido, prueba de ello son las más de dos mil seiscientas monedas que hay en el museo Ammaia procedentes de Asia, Norte de África, Britania, La Galia. Incluso hay una ánfora expuesta en el interior de una vitrina en citado museo cuya procedencia es Roda, isla que en su tiempo perteneció a Turquía. Como reflejo de la posición económica de los habitantes se han hallado multitud de restos de adornos personales “brazaletes, anillos, todo tipo de joyas que pueden observarse intactas en el museo de Ammaia” y gran cantidad de cerámica de uso domestico.

En cuanto a su jurisdicción política, llegaba hasta el margen izquierdo del río Salor a la altura de la localidad cacereña de Salorino recorriendo la desembocadura del río Tajo y continuando por la zona sur de este río principal.

Restos hallados. Tras completar el recorrido por el museo escuchando atónita las explicaciones de Joaquín Carvalho y bajo el resguardo de un paraguas a remedio contra la lluvia nos dispusimos a andar por el campo para observar las excavaciones que se están llevando a cabo y los restos antiguos que afloran de la tierra. La ciudad, bajo tierra en casi su totalidad (Se ha excavado únicamente un dos por ciento de todo el área), tiene una extensión aproximada de veinticinco hectáreas. Las excavaciones comenzaron a realizarse a partir de 1997. Junto a la entrada monumental de la ciudad que se presenta más al descubierto, se puede observar parte de lo que queda de la muralla, la puerta de entrada y la plaza pública. Llama la atención como “entre las puertas de entrada se observa en las rocas el desgaste por el paso de los carros”, otro indicio de la actividad comercial.

Actualmente se conservan las termas públicas de la ciudad, aún por excavar, de las cuales se desconoce la totalidad de la dimensión al ser cortadas por la carretera que parte de Marvâo hacia Portalegre. En la construcción de la carretera durante el siglo XX la falta de conciencia arqueológica destruyó la mejor zona de las termas y también del foro impidiendo las labores de investigación. Se ha descubierto que el mármol usado para la creación de estos edificios era importado desde otras regiones del Imperio.

En la parte superior estaba el foro de la ciudad, cortado también por la carretera. Construido a partir de las órdenes del emperador Plinio. Desde Pompeya se dictaban las indicaciones de organización. Las excavaciones están hechas a partir de la base del templo por ese motivo, para localizar las esquinas del edificio.

También se ha localizado la existencia de un anfiteatro o teatro en los límites de la ciudad, similar al de los griegos, se intuye que sea probablemente de madera. Aún está por excavar.

El yacimiento cuenta además con un atractivo museo que muestra los materiales provenientes de las ruinas de la ciudad, situado en la finca junto a unas pequeñas casas. Para estos arqueólogos es más fácil trabajar sobre un terreno no edificado, como sucede en las Itálicas, a diferencia de lo que pasa en otros territorios que han dificultado las labores de investigación como en Mérida, cuya ciudad antigua irrumpía sobre la moderna. Además asegura el responsable de turismo del museo “contamos con la ventaja de que la mayor parte de la ciudad pertenecía a una persona, era una finca privada, por lo que no se pusieron impedimentos para realizar tareas arqueológicas”. Como decíamos los terrenos de la ciudad pertenecían a una dama de la aristocracia portuguesa, condensa de Montserrat “era propietaria pero no vivía ahí”. Posteriormente un antiguo gobernador de un territorio portugués en 1999, Carlos Mansilla, enamorado de la región, decidió asentarse en Castelo de Vide, comprando estos terrenos para posteriormente financiar las labores de investigación (a partir de 1997). Los dos primeros años de trabajos fueron financiados por este señor, como presidente de la fundación.

Muchos de los hoyos que dejan ver parte de las piedras que sustentaban la ciudad antigua se encuentran bajo la protección de una lona blanca “las excavaciones se realizan normalmente en verano” comentaba Carvalho. Actualmente sólo se ha desvelado el dos por ciento del terreno y ahora la mayor parte de las tareas de investigación son en el laboratorio “el trabajo de los arqueólogos diario consiste en estudio de las piezas, hacer dibujos, miles de cosas”. Analizan las inscripciones que aparecen cada año y es lo que permite reconstruir la historia. Joaquín nos cuenta que realizar esta tarea es un trabajo lento que depende del tipo de letra, la piedra, “muchas de ellas tienen la nomenclatura de la familia cosa que permite indicarnos cuantos años han vivido…”. Estos profesionales del pasado saben que son materiales de sumo valor “muchas demuestran quien mandaba en un determinado período en la ciudad”, “también había inscripciones dedicadas a las divinidades”, es lo que mejor puede ayudar a construir la historia.

Una ciudad intacta. Mayor fue mi asombro aún, cuando esa ciudad de la que el doctor iba desvelando su pasado y su historia pude verla con mis propios ojos a través de una fascinante reconstrucción en 3D por ordenador “parte de un proyecto europeo, mediante el cual se trata de hacer una radiografía topográfica de la ciudad antigua”. A lo largo de un año, se han efectuado radiografías geológicas mediante modernas técnicas desde el aire con aviones y globos, y desde tierra mediante sondas y corrientes eléctricas, lo que nos da una clarísima visión de cómo fue la ciudad, poniendo a vista de todos (a través de Radio-past.eu) las calles y los barrios que se ocultan bajo la tierra en el territorio de Ammaia. Joaquín nos cuenta que la idea no es levantar el terreno y desvelar así toda la ciudad, algo que llevaría multitud de años sino “hacer una radiografía del suelo y posteriormente la reconstrucción en 3D”. Por su extensión y por los resultados de esas imágenes se sitúa que tuvo una población de aproximadamente seis mil habitantes.

Se sabe que en el siglo I, los primeros indicios de ocupación, es cuando obtuvo la categoría de ciudad siendo una de las poblaciones más importes de la roma lusitánica. A través de una inscripción se sabe de la existencia de un presidente del Ayuntamiento de Ammaia no natural de la zona que vino a residir a ella, Cornelio Macro, un señor ilustre. En este siglo los ciudadanos ya eran considerados por el emperador como romanos con plenos derechos.

Las mujeres romanas tenían poca influencia en la sociedad y alguna de ellas, para destacar, mandaban grabar en piedra una grabación como homenaje a sus esposos pero en realidad lo hacían para dar constancia de su propia existencia, tal y como ocurre con la inscripción hallada en una piedra granítica expuesta en el museo de Ammaia, donde a título póstumo se homenajea al obispo de la ciudad Caio Julio Vegeto por parte de su viuda, Propinia Severa; téngase en cuenta que no podemos comparar un obispo de la iglesia católica con un obispo romano, ya que estos últimos eran obispos políticos. A saber, el César era el Dios, y a su cargo tenía a los obispos que eran político-religiosos, pero de una religión totalmente distinta a lo que conocemos hoy día.

Origen Legendario. Joaquín Carvalho me cuenta que entre los siglos II y IV se reconoce que había entre 5000 y 6000 habitantes (coincidente con el período de Paz Romana, de mayor riqueza y dominio romano), hasta el siglo V momento en el que se dejan de tener noticias. No se sabe con certeza científica lo que provocó la desaparición de la ciudad. Lo que cuenta la tradición más popular es que se debió a consecuencias de fuertes seísmos. El arqueólogo doctor Joaquín Carvalho piensa que en realidad no fue este el motivo directo de su desaparición si bien reconoce que está constatada la existencia de esos seísmos por estudios geológicos realizados en la década de los 70 pero que la ciudad ya estaba abandonada en esos momentos, si bien de forma indirecta pudo ser como consecuente de la rotura de alguna presa hídrica, provocando un desbordamiento en gran parte de la ciudad. Él supone que la ciudad fue poco a poco perdiendo fuerza como consecuencia de los agotamientos mineros y sobre todo por la división romana en Oriente y Occidente y su posterior caída o la llegada de los bárbaros.

En el siglo IX d.C ya estaba, sino total al menos parcialmente, destruida como lo demuestra el fundador de la ciudad de Lisboa y conquistador de Badajoz Ibn Marwan al-Yilliqui que llegó a Ammaia huyendo del emir de Córdoba Muhammad I y Granada por sublevarse en varias ocasiones contra él. Ibn Marwan se hizo llamar “Senhor de Ammaia das Ruinas” lo que queda evidente como se encontraban las edificaciones de esta ciudad. Ibn Marwan llegó a esta zona escondiéndose de sus perseguidores y ayudado por Sadun al-Sarubaki, Senhor de Oporto”, quien le dio a conocer este escondite de la Sierra de Ammaia. Allí continuó con su avaricia de ser emir y fundó la localidad de Marvâo. Posteriormente fue detenido y ajusticiado en la Serra da Estrela. Hay indicios de que aunque por ese momento la ciudad ya estuviese abandonada algunos de los edificios se mantuviesen.

Al inicio del S.XX se comenzó a recuperar los materiales que los trabajadores del territorio ammaniense iban encontrando. Es en este siglo cuando un propietario agrícola de importante influencia que facilitó las labores de búsqueda en este terreno y se encargaba de la recogida de material para trasladarlo a Lisboa y concentrarlo de esta manera en algún sitio, Antonio MaÇas, emprende correspondencias con José Leite Vasconcelos, reconocido como primer arqueólogo portugués, fundador del Museu Nacional de Arqueología, que tenía una red de contactos con la gente que iba recuperando los restos que se hallaban en la tierra (1914) con el objetivo de elaborar relatos sobre las piezas halladas. Las personas de la zona como forma de agradecimiento a MaÇas le iban entregando todo lo que encontraban. Al respecto, se han localizado textos que hablan del paso de un representante del emperador, quizás se tratase de Plinio, alguien que se encargaba de hacer los relatos de las sentencias principales “podría acercarse a la figura del periodista” comenta Joaquín.

En la actualidad esta localidad no ha sido ocupada, con la excepción de varias explotaciones tradicionales (quintas). La tierra alberga al museo arqueológico junto a las ruinas de la ciudad y usado principalmente como explotación de tierras agrícolas. Hoy días es gestionado por la Fundación Ciudade de Ammaia y coordinado científicamente por la Universidad de Évora con quien ha llevado a cabo varias temporadas de trabajo y estudio desde 1997. Además cuenta con la colaboración de la empresa austriaca Yreasons y la universidad de Eslovenia. España también colabora desde el Instituto de Arqueología de Mérida. Con el proyecto topográfico puesto en marcha, Ammaia se convertirá en el centro de una red de investigación de alto nivel europeo. Objeto de interés por la comunidad científica y los medios de comunicación a nivel internacional.

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