Si tuviera que explicar qué es eso de que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, tendría un buen ejemplo en Pepe Luis Vázquez, esa divinidad del toreo. Se fue. Se fue y se queda. Se fue y se queda porque los dioses siempre acaban en una ascensión que les pone un pie en la gloria y otro en la tierra. Adiós, Pepe Luis; bienvenido a la eternidad. Desde ahora estarás en el Paraíso, pero te quedas con nosotros, en Sevilla, hasta el final de los tiempos.