Recuerdo imborrable

Un genio demasiado sensible: las depresiones del «loco de la colina»

Un libro presenta el lado humano de Quintero a partir de testimonios de sus allegados

Fran Gómez

Creada: 10.10.2026 02:21

La semana pasada, el 3 de octubre, se cumplieron cuatro años desde que la icónica voz de Jesús Quintero se apagó para siempre. Sin embargo, su recuerdo permanece más vivo que nunca gracias a «Quinterianos, el legado de Jesús Quintero» (Sevilla Press), un libro en el que Marina Bernal, con quien entabló una estrecha relación, repasa la trayectoria de uno de los rostros más destacados de la radio y la televisión de nuestro país. Recoge más de sesenta testimonios de los que formaron parte de la vida de aquel «loco de la colina», desde amigos y vecinos hasta familiares, pasando por rostros conocidos como Antonio Banderas o Alejandro Sanz, que recuerda sus llamadas a horas intempestivas: «Sonaba el teléfono, y al descolgar, no había un ‘‘hola’’... Solo su voz, honda y pausada: ‘‘Alejandro... ¿tú crees que la luna sabe lo que canta?’’».

Su testimonio da buena fe de la «especial sensibilidad» de la que Quintero siempre hizo gala en su carrera profesional, pero también en su esfera más privada. Aunque el periodista no necesita carta de presentación y ha pasado a la historia por sus célebres silencios, Bernal también descubre en su libro el lado más personal e íntimo de Jesús, un hombre enamorado de la comunicación, sí, pero también del flamenco, del arte, del teatro, del fútbol y de Cádiz, donde exhaló su último aliento. Lo retrata con sus luces y sus sombras, que no fueron pocas. Su particular visión del mundo llegó a pasarle factura y atravesó etapas en las que la mera existencia se le hacía cuesta arriba. «Era una persona extremadamente sensible y tuvo muchos altibajos emocionales. Él mismo habló de la depresión que sufrió y de lo mucho que le costó superarla. En el libro hay un testimonio muy bonito de Filpo, su productor y una de las personas que más tiempo pasó a su lado, sobre su espiritualidad y su necesidad de encontrar la paz», explica Bernal a LA RAZÓN. Por su parte, José Manuel Lorenzo, uno de sus mejores amigos, le recuerda como «ciclotímico» y asegura que sus depresiones venían «por la falta de entendimiento del mundo en el que vivía y del mundo que venía». Ay, si Quintero levantara cabeza...

Mucha empatía y tres casi bodas

Pero no era una persona que se aislara o que fuera ajena al prójimo, sobre todo cuando se trataba de los menos favorecidos. «Era muy empático y tenía detalles de generosidad con todo el mundo. Filpo me contó que ayudó económicamente a una modelo que posaba para Bellas Artes después de que ella le explicara la precariedad en la que vivía. Jesús se conmovió y estuvo ayudándola a pagar la hipoteca durante un tiempo, sin que existiera ningún vínculo sentimental entre ellos», señala Marina. Precisamente, ese desapego al dinero es otra de las cualidades que mejor le retratan: «No tenía demasiado sentido de la administración económica. Sus proyectos se le iban de las manos porque siempre aspiraba a lo mejor. No era alguien especialmente preocupado por los grandes lujos personales, pero invertía en otras personas y en mejorar sus producciones; quería las mejores luces, los mejores decorados y todo a lo grande».

Se arruinó hasta en tres ocasiones, un vaivén económico que se refleja en lo sentimental. El periodista Miguel Gallardo desvela que Jesús estuvo a punto de casarse tres veces, pero, antes de la boda, le abordaba «un miedo que lo paralizaba hasta el punto de dejar a alguna novia a los pies del altar». Entonces llegó María, su viuda, con la que perdió ese temor a pasar juntos el resto de su vida, aunque no fuera mucho...

Marina Bernal con Jesús Quintero y su mujer, María

Marina Bernal con Jesús Quintero y su mujer, María Cortesía de Sevilla Press

Entrevista con Marina Bernal

-¿Cómo nace la idea del libro?

Jesús se ofreció personalmente a inaugurar el aula de radio del Instituto La Marisma de Huelva, en un barrio humilde. Quería hacerlo sin prensa ni autoridades. Sin embargo, al poco tiempo cayó enfermo y ya no pudo acudir, por lo que se aplazó el acto. Tras su muerte, el centro se puso en contacto con su viuda para proponerle que fuera ella quien inaugurara el aula. Entonces, ella nos convocó a varios periodistas que habíamos conocido a Jesús y fuimos a participar en una mesa redonda sobre cómo entendíamos la relación de Jesús con el mundo de la comunicación y qué habíamos conocido de él. Fue un día muy bonito. Nos sorprendió que hubiera tanto interés por su figura entre gente tan joven, que no lo había conocido, y ahí empecé a plantearme recoger su historia para que no se olvidara.

-¿Qué percibió en aquel instituto entre los alumnos para pensar que era un buen momento para escribir un libro sobre él?

Me di cuenta de que su mensaje sigue calando hondo. Jesús apelaba a la reflexión, a escuchar a los demás, a interesarse por lo que piensa el otro, a debatir y al intercambio de ideas. Y todo ese mensaje estaba presente en los alumnos. En el libro incluyo un artículo muy bonito de Fran Cortés, profesor de Filosofía del instituto, sobre el arte de escuchar y la necesidad de reflexionar en la sociedad de la prisa en la que vivimos, marcada por las redes sociales y la inmediatez. Necesitamos pensar, ralentizar ese ritmo y seguir cuestionándonos las cosas. El mensaje de Jesús está más presente que nunca.

-Como periodista que lo conoció ¿qué cree que pensaría Jesús del rumbo que ha tomado el periodismo hoy?

Muchos de sus célebres monólogos, que en realidad eran reflexiones escritas, siguen siendo muy actuales. Jesús era un buscador incansable de la perfección y la excelencia. Daba tanta importancia al fondo como a la forma. Vivimos en un tiempo en el que se cuidan mucho las formas y las apariencias, pero no siempre se profundiza en las cuestiones. Él defendía la esencia de las cosas. Ya se quejaba de la banalidad y del pseudoperiodismo hace más de 20 años. Le preocupaba que se dedicara tiempo a personajes que no tenían nada que decir o a mensajes carentes de contenido.

Marina Bernal, autora del libro "Quinterianos, el legado de Jesús Quintero"

Marina Bernal, autora del libro "Quinterianos, el legado de Jesús Quintero" Cortesía de Sevilla Press

-Ha reunido testimonios de muchísimas personas cercanas a él. ¿Hay alguno que le haya sorprendido especialmente?

El libro es una especie de rompecabezas en el que cada testimonio tiene su peso y su valor, y añade algo que no conocías. A mí me ha gustado mucho hablar con los vecinos de San Juan del Puerto, que recuerdan a un chico muy curioso, siempre con un libro bajo el brazo y ganas de estudiar y aprender. Desde joven se caracterizaba por su aspecto físico diferente al de los demás, pero también tenía muchísimo sentido del humor. Otra cosa que desconocía era su pasado deportivo. No sabía que había jugado al fútbol. Alfredo Relaño, uno de los grandes periodistas deportivos españoles, me describe sus conversaciones sobre ese deporte y me cuenta que Jesús sabía mucho de fútbol. También era un gran conocedor del flamenco. Llegó a ser representante artístico de Paco de Lucía y fue quien lo llevó al Teatro Real.

-¿Podemos decir que el flamenco y el periodismo fueron sus grandes pasiones?

Sí, pero también el teatro. Aunque la primera vocación de su vida fue la radio, el teatro apareció al mismo tiempo. He encontrado el testimonio de Antonio Andrés Lapeña, un profesor jubilado, director teatral y docente que fue testigo de su debut como actor. Jesús utilizó el seudónimo Alberto de Rosso para debutar en el teatro Lope de Vega. Lapeña me cuenta cómo fue aquella experiencia y recuerda que Jesús tenía mucha presencia escénica, aunque todavía era muy joven. Después, un locutor de radio que lo escuchó actuar le dijo que su voz era para la radio, así que acabó centrándose en ella.

"actor. Jesús utilizó el seudónimo Alberto de Rosso para debutar en el teatro Lope de Vega. Tenía mucha presencia escénica, aunque todavía era muy joven"

-Jesús entrevistaba a todo tipo de personas. ¿Qué tenía que tener alguien para despertar su interés?

Tenía que tener algo que contar y, sobre todo, verdad. Jesús huía de las apariencias y buscaba autenticidad. Llegaba a la gente porque creía en lo que hacía, estaba convencido de su trabajo y siempre estaba dispuesto a escuchar. Tenía una especie de radar para detectar a personas interesantes. Era capaz de reunir en un mismo programa a una gran autoridad de la literatura junto a una persona que se buscaba la vida en la calle. Al final, sus programas eran un reflejo de la vida.

"Él se quedó con la pena de no haber entrevistado a Fidel Castro y al papa"

-Viendo el panorama político y social actual, ¿hay alguien a quien se imagine que Jesús habría querido entrevistar?

Él se quedó con la pena de no haber entrevistado a Fidel Castro y al papa. Esas fueron sus dos grandes entrevistas pendientes. Pero Jesús estaba dispuesto a entrevistar a cualquier persona que despertara interés.

El libro se presentará en Sevilla el sábado 17 de octubre, a las 19:00 horas, en el teatro de la Fundación Cajasol. Tal y como explica Bernal, “el acto se celebrará muy cerca de lugares importantes en su vida: estamos a unos cien metros del Teatro Quintero, de Radio América, de su casa y de la Plaza Nueva, donde tuve mi último encuentro con él”.