La misa será el próximo jueves día 17 de septiembre a las 20,00 horas en la iglesia de su barrio de Sevilla este.
Necrológica
Emilio Ramos Martín
1932-2026
Oficial mayor de los abogados, por José Joaquín Gallardo
A los 94 años de edad ha fallecido el ilustrísimo señor don Emilio Ramos Martín, quien fue oficial mayor del Colegio de Abogados de Sevilla durante dos décadas hasta su jubilación en 1997, tras más de 36 años de servicio en la prestigiosa corporación de la abogacía. Nacido en el seno de una familia humilde, fue uno de aquellos niños de la maldita guerra civil que padecieron los horrores bélicos, los miedos y la penuria de la posguerra. Como tantos otros, se esforzó siempre en olvidar lo sufrido, apostando por la concordia y el futuro en paz y en libertad.
Con solo catorce años comenzó a trabajar en el Ateneo de Sevilla, primero como ordenanza y luego como bibliotecario. Refería que allí logró aprender mucho de escritores, poetas y ateneístas en general. Durante toda su vida continuó colaborando altruistamente con la Docta Casa, siendo director de la Cabalgata de los Reyes Magos. Años después le nombraron socio de honor, reconocimiento que le llenó de alegría. Esa institución fue su primer trabajo, su primera escuela de vida y su primer amor de juventud.
En 1961 comenzó a trabajar como oficial de primera en el Colegio de Abogados, donde encontró su futuro profesional definitivo, pasando a ser oficial mayor de la corporación en 1977 hasta su jubilación veinte años después. Su aportación a la abogacía sevillana durante esos treinta y seis años fue un ejemplo de entrega a los letrados, a quienes atendió siempre con exquisitez en el trato, elegancia en las formas, fino humor e inquebrantable espíritu de servicio. Por ello era muy querido por los muchos abogados y abogadas que lo tratamos, en justa reciprocidad al cariño que él nos dispensaba.
Su mundo fue siempre su querida esposa Lourdes Jiménez Palop y sus cinco hijos, que con sus nietos y bisnietos le arroparon en sus años de viudedad y ahora le lloran. Se emocionó al tramitar él mismo la colegiación como letrado de su primogénito, Miguel Ángel. Pero sin duda lo que más le emocionaba era recordar las mil y una anécdotas de su querido Colegio de Abogados, siempre unidas a nombres de letrados, autoridades judiciales, magistrados y personal al servicio de la justicia.
Emilio Ramos ha sido toda una institución dentro de la abogacía sevillana. Desde su empleo colaboró muy directamente con los distintos decanos que durante aquellos años presidimos el Colegio, haciéndolo siempre con inquebrantable lealtad, sabiduría espontánea y sentido institucional. Tuve la suerte de ser con él secretario de la junta de gobierno y después decano, lo que propició un cariño mutuo que derivó en franca amistad. Su último servicio fue sugerirme que le sucediese en el cargo otro hombre amante de la corporación, Francisco Ciudad, quien pasaría así a ser el primer oficial mayor con la categoría de letrado.
Durante mi extenso decanato gestionamos que se le concediese la Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo, impuesta en un solemne acto en la Delegación del Gobierno por nuestro colegiado Javier Arenas, a la sazón ministro del ramo. Esa distinción conlleva el tratamiento de ilustrísimo. Todos los decanos le pedimos también la Cruz de San Raimundo de Peñafort, que le concedió el ministro de Justicia y tuve yo el honor de imponerle en un entrañable acto que le hizo feliz, al que asistieron unos cuatrocientos abogados y las primeras autoridades judiciales de nuestro territorio.
Con esa doble condecoración quedaba justamente honrado un trabajador incansable al servicio de la justicia, a través de su desvelo por la abogacía. Emilio ha muerto serenamente, concluyendo así un capítulo importante de la historia del siglo pasado del Colegio de Abogados. Los muchos letrados que le hemos conocido aprendimos de su amor al trabajo, su innato espíritu de justicia y las otras muchas cualidades que le adornaban.
Ahora toca pedir por su alma a nuestra Patrona, la Inmaculada Concepción, cuyos actos colegiales en la octava de su solemnidad él organizó tantos meses de diciembre. Descanse en la paz de Dios este hombre de bien, quien ayudó a todos en cuanto pudo y ya ha transitado a la verdadera dimensión de la Vida definitiva.
José Joaquín Gallardo
Decano emérito del Colegio de Abogados
