Antonio Rendón . Como viene siendo tradición desde hace más de una década, la ciudad de Sevilla ha vuelto a rendir homenaje a uno de sus hijos más ilustres, Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), con motivo del aniversario de su nacimiento. El pasado 17 de febrero, numerosos ciudadanos, amantes de la poesía y representantes de diversas asociaciones culturales se congregaron en la Glorieta de Bécquer, en el emblemático Parque de María Luisa, para conmemorar el 190.º aniversario del insigne poeta romántico.

El acto consistió en un cuidado recital de poemas que propició el reencuentro colectivo con una lírica que dejó una huella indeleble en la literatura española del siglo XIX. La lectura pública de sus versos, en un entorno especialmente significativo para la memoria becqueriana, devolvió al espacio urbano la palabra viva del autor, reafirmando la vigencia y universalidad de su obra.

Promovida por la Institución “Noches del Baratillo”, esta conmemoración se ha consolidado como una cita estable en el calendario cultural de la ciudad. En sus primeras ediciones, el homenaje tuvo lugar en el barrio de San Lorenzo, donde nació el poeta, subrayando así la dimensión íntima y vecinal del recuerdo. Con el paso de los años, el encuentro se trasladó a la Glorieta de Bécquer, donde desde 1911 se alza el monumento erigido en su honor, convirtiendo este enclave del parque en espacio de referencia para la evocación de su legado.

La continuidad y el arraigo de esta celebración han sido posibles gracias a la colaboración sostenida de entidades culturales comprometidas con la difusión del patrimonio literario sevillano, entre las que destacan las asociaciones “El Anaquel del Pinsapo” y “Con los Bécquer en Sevilla”, cuya participación ha contribuido decisivamente a fortalecer el carácter institucional y divulgativo del acto.

De este modo, Sevilla renueva cada año su vínculo con la figura de Bécquer, no solo como homenaje a su memoria, sino como afirmación del valor permanente de la poesía en la construcción de la identidad cultural y en el enriquecimiento del patrimonio común.

Fotografia Antonio Rendón Domínguez