Necrológica
Miguel Ángel Bermudo Valero
Sevilla 1955 - Sevilla 2025

Amarguras por un compañero

El compañerismo bien entendido es un valor fundamental en nuestra convivencia, que no en vano es el vínculo de amistad, apoyo y solidaridad que a veces surge entre quienes comparten una misma actividad. En un mundo tan tensionado por la competitividad, resulta especialmente satisfactorio disfrutar del afecto, comprensión y cercanía de quienes ejercen el mismo oficio. No es bueno sentirse aislados, pues siempre precisamos la complicidad y solidaridad de los colegas.

La vida nos acaba encasillando en un rol profesional fundamental, por muy polifacéticos que podamos o queramos ser. Normalmente, la vida es el tiempo necesario para acabar dominando una actividad y comprendiéndola en plenitud. Atesorar compañeros de verdad es un importante lujo, que en demasiadas ocasiones no valoramos hasta que el hachazo de la muerte nos priva de ellos. Lección siempre repetida y nunca aprendida.

Los letrados sevillanos acabamos de perder al entrañable colega Miguel Ángel Bermudo Valero, que a los setenta años de edad ha conmocionado el corazón de sus muchos amigos. Toda su vida ha sido un exitoso anhelo por la excelencia profesional, pues tras licenciarse en ciencias económicas y empresariales se hizo también censor jurado de cuentas y administrador concursal, si bien su profesión principal ha sido siempre la abogacía.

Durante cuarenta años ha pertenecido al Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla, ejerciendo la profesión en importantes empresas como Cruzcampo y Heineken y también en el despacho profesional creado con su esposa, la letrada Araceli Quijada, que se queda ahora con su hijo igualmente abogado, Miguel Ángel, y sus otros dos hijos. Cuando un buen compañero se va, siempre la pena desgarra el alma de quienes le queríamos.

Pero hemos despedido también a un sevillano cabal y profundo, amante a ultranza de este cahíz de tierra que acaba siempre determinando nuestra peculiar idiosincrasia. Su talante le identificaba en todo con la ciudad, pero primeramente con su Hermandad de la Amargura, a la que siempre han estado vinculados los Bermudo. En 1954 su abuelo era hermano mayor en la coronación de la Virgen, primera dolorosa coronada canónicamente en Sevilla. Su padre desempeñó luego el mismo cargo y el ahora difunto fue teniente de hermano mayor.

Su funeral corpore insepulto se celebró en el templo de San Juan de la Palma, al mediodía del lunes 12 de enero, con un sol que se abrió paso entre los grises y el frío invernal a modo de primer preludio de la próxima primavera. La inigualable luz de nuestro mejor cielo le acompañó en el final, presagiando una mañana de Domingo de Ramos, como siempre junto a Nuestro Padre Jesús del Silencio y María Santísima de la Amargura.

Al hacerse presente ese sol en un cielo inmensamente azul, pareció que la indescriptible Sevilla eterna quisiese despedir también a su vecino Miguel Ángel, cristiano de bien a la sevillana manera, que hasta ahí llega nuestra peculiar forma de entenderlo todo. Durante las exequias, la Virgen de la mirada perdida parecía llorar también por el difunto nazareno de túnica blanca, que aquí sabemos leer los bellos ojos de las Vírgenes de nuestros amores.

En el templo lleno por la numerosa familia doliente, amigos, abogados y cofrades, sonaron los sones de la inmensa marcha Amarguras y sus notas, tan magistralmente articuladas por Manuel Font de Anta, fueron un impresionante pregón de espiritualidad cristiana. La música nos condujo por la amarga calle que Jesucristo recorrió camino del calvario, por la conversación de María con Juan y por nuestros más íntimos recuerdos de toda una vida.

Comprendimos entonces que Miguel Ángel vive ya eternamente en el Gran Poder de Dios, pero también en los bellísimos ojos llorosos de la Virgen de la Amargura, en cuyas pupilas quedan para siempre las miradas de cuantos en vida le rezaron con profunda devoción. Amargura serena y esperanzada en San Juan de la Palma por un buen compañero.

José Joaquín Gallardo