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Texto integro magnifico Pregón de Semana Santa 2013 – Francisco Javier Segura Márquez

🗓️ hace 6 años

Más de 5.000 conexiones desde dispositivos móviles y web para ver el Pregón de la Semana Santa 2013 desde Fundación CajasolTV

Entre los internautas que han seguido esta mañana la transmisión en streaming, se han conectado a Fundación CajasolTV para seguir el Pregón de Francisco Javier Segura desde lugares como Australia, Francia, Italia, Reino Unido y diversas ciudades españolas.

Sevilla, 17 de marzo de 2013.- La web de la Fundación Cajasol ha emitido esta mañana en streaming el Pregón de la Semana Santa de 2013 a cargo de Francisco J. Segura desde el Teatro de la Maestranza. La emisión ha dado la señal a las televisiones locales y a Fundación CajasolTV gracias al convenio firmado por la entidad con el Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla. La Fundación Cajasol ha llevado a todos los que no han podido seguir el evento en directo desde el Teatro de la Maestranza y por Televisión, a través de la web y de las conexiones habilitadas para los dispositivos móviles como teléfonos y tabletas por primera vez, la pronunciación del acto con el que se inicia nuestra Semana de Pasión. Usuarios conectados desde países como Australia, Francia, Alemania, Italia (19 usuarios) o Reino Unido; y desde ciudades como Mérida, Badajoz, Córdoba, Málaga, Madrid, Valencia, Huelva, Cádiz, Vigo o Toledo han seguido la proclamación de la Semana Grande sevillana junto a internautas conectados desde miles de puntos de la provincia de Sevilla, conectados desde dispositivos como tabletas, móviles, consolas o PC's. Es la primera vez que la Fundación Cajasol emite el Pregón desde Internet, evento que ha sido todo un éxito, haciendo que la página llegase a soportar algunos 'lags' en los últimos minutos debido al gran número de conexiones y a la saturación del ancho de banda. Mañana, en la sede de la Plaza de San Francisco en Sevilla, la Fundación presentará la edición en papel del texto que cuenta con las ilustraciones de Fernando J. Aguado, Pedro Nolasco Alcántara Madroñal, Sergio Cornejo, Daniel Franca, José María Leal, Jesús Mejías, José M. Pedernal, Miguel Ángel Pérez, Carlos Peñuelas, Isabel Santiago Alonso y Antonio Zambrana, y que será presentado por Gregorio Serrano, delegado de Fiestas Mayores del Ayuntamiento de Sevilla; Carlos Bourellier, presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla; Mercedes Camacho, jefa de Acción Social de la Fundación Cajasol; Salud del Pueyo, encargada de presentar al pregonero y Antonio Fernández, pianista en un acto a celebrar a las 20 horas. La obra tiene un precio de 15 € y los beneficios irán destinados a la Obra Social de la Primitiva y Real Hermandad de la Divina Pastora y Santa Maria por deseo expreso del Pregonero. La entrada al acto es libre hasta completar aforo.

17 DE MARZO DE 2013 Texto integro magnifico Pregón de Semana Santa 2013 – Francisco Javier Segura Márquez EFFETÁ ¡Effetá!...suena en mi mente, ¡Effetá! de mis palabras, ¡Effetá! como aquel sordo, como al ciego de Betsaida. Effetá, que en el hebreo quiere decir: “Que se abran tus ojos y tus oídos al estruendo de la gracia”. Effetá para Sevilla, Effetá Semana Santa Effetá porque comenten las voces propias y extrañas, que es Fe tal la que tenemos, que es Fe tal la sevillana, que arrebató al sarraceno la espiga de la Giralda, que es la Torre de la Fe por la Fe que la remata y que es la Puerta de Palos Puerta de la Fe romana de quien copió Benedicto de motu proprio su carta Effetá para Sevilla, Effetá Semana Santa Effetá de los estrenos y Effetá: Que no hagan falta -vencemos a la tercerachubasqueros ni paraguas. Effetá para las túnicas de estreno recién planchadas, Effetá en San José Obrero que estrena antifaz y capa, Effetá de las mantillas, Effetá de tardes largas soñando las camareras el momento de arreglarla. Effetá para Sevilla, Effetá Semana Santa Effetá los mayordomos y las listas y las guardias de armaos en el Santo Entierro y de armaos en la Esperanza. Effetá de los que salen en brazos porque no andan, Effetá de los que peinan con capirotes sus canas.

Effetá de los carritos, del que llega y se apalanca. Effetá de tantas bullas que saben cómo se anda. Effetá para Sevilla, Effetá Semana Santa. Effetá para el izquierdo por delante de Vizcaya, Effetá de los tres pasos, y Effetá que avisa a ¡Guardia! cuando el Desprecio de Herodes vuelve a San Juan de la Palma. Effetá del pregonero que se entrega y se retrata, Effetá de nuevos aires, Effetá a la confianza Effetá a los veinteañeros que luchan y dan la cara. Effetá para Sevilla, Effetá Semana Santa. Effetá viendo a tus nietos junto a la imagen sagrada, y en las manos del que ha muerto poniendo la última estampa. Effetá del sentimiento que me impulsa y que me llama, Effetá de un Martes Santo, de una túnica de sarga, de un montón de monaguillos que me buscan y me paran. Cuando digo monaguillos, digo insignia, digo vara, maniguetas y bocinas, y digo cirio y dalmática, y digo escalera y cántaro, y digo el carro y la caña. Effetá para Sevilla, Effetá Semana Santa. Effetá lo que sentimos todos y a todos nos marca. Effetá cuando tu Cristo llega y se luce en Campana, Effetá para tu Virgen, que es para ti la más guapa. Effetá en mi calle Feria, donde mis versos recalan. Effetá de tantos nombres de Cristo que se me abrazan. Effetá para mi Cristo

que hoy mi Hermandad os regala. Mi Cristo será tu Cristo, mi Moreno te reclama, con sus manos que se mueren en otoño de hojas pardas. Mi Cristo en todos tus Cristos. Effetá que se agiganta. Cuando tú enseñas la foto de tu Señor, ¿cómo exclamas? No le dices al que mira: “Este es mi Cristo, miarma”. Y es que el Cristo al que le rezas ¿No es el Cristo de tu alma? Ese Cristo de tu alma es mi Cristo y es mi alcázar, es el que me pide ahora, sin que mediemos palabra, Effetá para Sevilla, Effetá Semana Santa. Effetá mi Cristo muerto que está vivo en vuestras casas. Effetá de un solo Cristo, el Cristo de tu medalla, el Cristo que vive y muere sobre el clavel y la espada. Effetá para Sevilla Effetá Semana Santa. ¡Todos los Cristos mi Cristo en mi Cristo de las Almas! FORMACIÓN, ORACIÓN: SERVITAS, SANTA MARTA Quiero, Excmo. Sr. Arzobispo, saludarle tomando la calle de la Bajada de la Cruz Dorada en su tierra, como baja la cruz dorada de las Penas por la calle Alfonso XII, dorada en los rayos de la luz tardía que borda la túnica del Señor de las Penas. Vengo a pregonar, Excmo. Sr. Obispo Auxiliar, la luz en los platillos de los candeleros que alumbran a la Virgen de las Lágrimas. Y no digo Exaltación, porque chirría demasiado con el hundimiento paulatino de esa iglesia. Reciban, D. Juan José y D. Santiago, mi respeto filial. En Semana Santa la cuestión es ceñirse la cintura, ceñirla como la llevan los penitentes de mi cofradía de los Javieres, con un esparto singularmente estrecho, que tiene medida de un fajín eclesiástico o una faja de alcalde. Sí, el Sr. Alcalde sale ya con el esparto de Buena Muerte en la Hiniesta convertido en faja carmesí. Vd., Sr. Alcalde, no lleva hebillas en la faja sino hilos de esa madeja que desde el Ayuntamiento deslían para el bien de la Ciudad. Una Ciudad de Cofradías, como el Consejo, a cuyo Presidente y Junta Superior agradezco la valentía de poner a un joven cofrade como yo ante el estrado. Aquí os ofrezco

una copa más de vino nuevo de los odres nuevos de la primavera tornada Sangre en los claveles del Cristo de la Sangre de San Benito. Al Señor de la Salud de los Gitanos, mi fiel compañero en este viaje –nuestro compañero, Andrés-, bendigo sabedor de la suerte que he tenido con que el Concejal de Fiestas Mayores me introduzca y me sitúe en la tribuna más ansiada de los cofrades. Gracias por sus palabras, gracias por entrega tan desmedida a Sevilla. Sevilla, torre fuerte, alcázar puesto allí como fondo para que pase por delante el Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes, es también residencia y obligación de esas otras Ilustrísimas y Excelentísimas Autoridades que completan el protocolo del Pregón. Gracias a todos, a la familia, a los amigos, a mis cofradías, a los sevillanos, a los forasteros, a ustedes, señoras y señores. Año de la Fe. Se repite el nombre con la insistencia con que los diputados de la Sed intentan abrir el cauce a Consolación entre sus nazarenos por la calle Ventura de la Vega. Se dice Año de la Fe y encontramos mayor sentido a la mirada orante de Madre de Dios de la Palma y los faroles encendidos del canasto del Cristo de Burgos. Y el Año de la Fe que se resume en los ojos negros del Señor de la Presentación, y la fe es echarse a volar en las manos cristalinas de Loreto. Y una Fe que puede explicarse de muchas maneras sin que el pregón sea sermón repetitivo. El pregonero puso desde tiempo el Año de la Fe a los pies de un Cristo muerto, ante el cual inicio el Pregón pasionario. Tiene el mismo nombre que mi crucificado de la Escuela de Cristo en Santa Cruz, donde expirante compone Antigua estampa de Misericordias. Se lo he pedido a Él, pero, como cada Viernes de Dolores desde el coro, se me van los ojos a su Madre. Le decimos al Cristo de la Providencia: “Enséñanos a orar…para que el mundo crea”. Y uniendo las piezas de su mensaje, desordenadas en nuestra mente como el cajón de un prioste, encontramos la respuesta: “Enséñanos a orar para que el mundo crea”. La cofradía va enseñando a rezar, y nos deja la asignatura pendiente para el próximo año. Dejadme evocar a los Servitas e imaginad conmigo que San Marcos… San Marcos es redondel cuadrado de seis puñales. Siete Dolores iguales clavados bajo el dintel. Siete Dolores. Cincel para tallarlo en relieve. Yo repito: “No me mueve mi Dios para quererte”. Son latidos del corazón, Providencia, sangre y nieve. Poropopón resonante, destemplado redoblar. Y al rato vuelve a sonar Mater Mea. Ya no hay cante

de las monjas ni hay trasplante de flores en canastillas. Ya no hay frisos ni hay mejillas que lloren al entregarse Ya sólo puede adorarse Cristo sobre sus rodillas. Tiemblo de emoción al verlo con esa mano tendida que más que muerte es la vida que ganamos al perderlo. Quiero aprender a quererlo como su Madre lo quiere. Quiero sentir que me hiere el fuego de su virtud. En dichosa esclavitud, yo quisiera sostenerlo y así vivir y ofrecerlo sobre mis manos marchitas, y sin palabras escritas sólo entrelazando amores, que aliviara sus Dolores la Virgen de los Servitas. Y cuando aprendamos a rezar, no nos costará nada entender los Avemarías que recorren los respiraderos de Gracia y Amparo o las leyendas latinas del canasto de la Soledad, Semana Santa gracias a la valiosa aportación de Nuria Barrera como cartelista. La oración de los martes en San Esteban, los miércoles del Buen Fin, los Jueves Eucarísticos de San Roque y la Amargura, los viernes en el Calvario y las noche de vigilia en La Lanzada, donde Cristo mismo clava la lanza de su amor en los que rezan buscando la Guía y el Buen Fin de sus vidas o la sonrisa de la Divina Enfermera. Muy cerca de allí, el martes en Santa Marta. Esta cofradía, unida siempre al tópico, como el que dice: “Yo rezo pa´ mí” y no se une a la Iglesia. El tópico de la rosa y de los costaleros profesionales hoy no me sirve. Porque Santa Marta, la propia Santa, tiene mucho que decirnos. Alzo la voz en medio de la ciudad como alzan los ciriales en contrapunto de golpes los acólitos de San Andrés. Hay que aprender a rezar y hay que aprender a formarse como cristianos. Y para ello hay que dejar de mirar la corteza barroca de la cofradía, y remar más adentro. Hay mucho que decir, y mucho que encontrar, como yo lo he encontrado. Por eso te pido, sevillano de a pie, que no remes contracorriente sobre el lago del Lunes Santo. Te pido que no te quedes, en los lirios y el silencio y en la rosa como gota cristalizada en el viento.

Yo te pido que tú encuentres, Sevilla, el mejor ejemplo, con la santa de Betania en tu constante trasiego. Santa Marta, yo quisiera imitarte y ser reflejo, yo quisiera que Jesús estando Lázaro muerto antes de obrar el milagro me preguntara: “¿Crees esto? Y yo poder responderle: “Creo, confío y espero”. Hermanos de Santa Marta, jóvenes con quienes siento, la urgencia en la Caridad y el ardor del Evangelio, llevad a Cristo al sepulcro de los que entierran su credo. Llevad a Cristo al sepulcro del sevillano que ha vuelto los ojos y, ya sin fe, sin mirar, sigue viviendo. Llevad a Cristo, hay sepulcros que están como el suyo nuevos, sin que haya estado antes nadie dándoles su aliento. ¡Cuántos como Santa Marta corriendo, siempre corriendo, sin tiempo para sus hijos aunque los lleve al colegio, sin tiempo para su esposa o marido, repitiendo como excusa rutinaria “Llegamos tarde, lo siento”. “No está muerto, Cristo vive” dijo el joven pregonero, y otro pregonero joven os lo repite de nuevo. Santa Marta nos enseña a confiar en quien no ha muerto. Hermanos de Santa Marta, cirios azules lamento. ¡Dad razón de nuestra fe, confesad lo que creemos! La Caridad por bandera verde y azul en el pecho. Lunes Santo en procesión itinerante os veremos. Cristo de la Caridad

busca sepulcros abiertos. Sepulcros porque Sevilla lleve a Dios dentro, muy dentro. Sepulcros para quedarse entre nosotros muriendo. Sepulcros para quedarse eternamente despierto. POR MONTESIÓN HASTA LA CARIDAD: GRAN PODER Ahora empieza la incertidumbre. ¿Nombrará el Pregonero la nacarada tez de Guadalupe? ¡Correcto! Y su pañuelo, robado en prenda de bendición, como el de Gracia y Esperanza. ¿Dirá algo el pregonero de los vencejos que, cuando sale el misterio de las Siete Palabras de la Catedral, reciben la enseñanza de amor del Rey de Reyes desde la cruz? Aquí tenéis, cofrades carmesíes de mi afecto. Hay preguntas insistentes en la Semana Santa. El niño del mayordomo, que le pregunta: ¿Nos vamos ya? La mujer del Diputado Mayor de Gobierno: “¿Hoy también Cabildo? El marido de la secretaria: “Niña…¿una carta ahora?” La novia del costalero, al volver de la igualá: ¿Otra más? El jartible cofrade sin radio en la oreja: ¿Va a salir? El chiquillo que pregunta en el Santo Entierro: “¿Ésta cuál es?”. ¿Me dá cera, me dá cera, me dá cera?... Y así muchas… Esas son las preguntas de la Semana Santa, preguntas de las cuales también se lleva una buena parte el pregonero. Y el pregonero, que intenta siempre tener clara una respuesta, enmudece cuando se le pone delante la filigrana hispalense de la que puede decirse su cofradía del Jueves Santo. A medio camino, como estación inevitable, el Cristo de la Salud vuelve el rostro a la agonía, porque agoniza de muerte. ¡Cuántas preguntas allí resueltas! ¡Cuántas peticiones! ¡Cuántas veces la Salve de la Virgen del Rosario, Rosa Blanca de Pasión! Me vuelvo a rendir, a postrar, a entregar por completo. Aunque apabullado, me aseguro de que tanta grandeza me acompañe, y fortalezca mi empeño ante el atril. Que no falte… “Que no falte la blancura ni la malla ni el bullón. Que no falte la finura ni el pellizco en la amargura de la Sagrada Oración. Ni el cirio de los donantes, ni el cáliz que no pasó. Ni aquellas manos orantes de varales elegantes que Lecaroz se inventó. Los apóstoles dormidos

ni el Jueves lleno de luz. Ni los labios encendidos sobre el jazmín coloridos ni el arcángel con su cruz. Ni el olivo ni el clavel ni el lirio y la flor de cera. Que no falte pinturera atravesando el dintel la cuadrilla costalera. Capillera y vestidor, Vizcaíno y fundadora, y en su afán repicador, las campanas y el rumor del Rosario de la Aurora. Y en la dulce evocación de infinito Septenario, sólo tu nombre, Rosario, tu nombre en mi corazón. Tu nombre como canción que yo olvidar no podía. Tu nombre de letanía, Rosario de Montesión.” El Rosario, Evangelio rezado, me recuerda a todos esos Evangelistas de las esquinas de los pasos que siguen escribiendo Jirones de Azul. Como historiador del arte que sigue buscando nuevas oportunidades a pesar de la que está cayendo, me lanzo a las calles cuando aún me quema en las manos la cera de la Amargura. Después de deleitarme con la Virgen del Rocío, la hermana de mi Simpecao del Cerro, la Niña de Pepe Aguilar, que tanto ha iluminado mi vida a través de sus hermanos, me alargaré al Museo con la tertulia con la que comparto momentos de la Semana Santa. Con ellos disfruto el matemático arqueo de San Bernardo por el Puente a la ida, cuando comprende uno por qué el alivio de la Virgen del Refugio es como el de los niños que cesan de llorar cuando ven venir la cofradía jubilosa por el camino que abre la bulla, farol, bocina y cirios del cortejo de su, de mi Cristo de la Salud. Cuando salga la Virgen de las Aguas, y de Campana a Catedral, entusiasme a los que contemplen el oficial paseo, esperaré por Cuna a la Vera+Cruz hasta que llore Tristezas, me encontraré en las Penas con Antonio Santiago (si yo fuera paso, él sería mi capataz), que me traerá a María en sus Dolores, y plantaré claveles rojos en el alma para ponerlos a sus pies.

Y volveré al Museo. Bajo una lluvia distinta (de flashes y de saetas), pasa una obra de arte catalogada y etiquetada, pero que siempre permite nuevas interpretaciones. El Crucificado cumple su papel y equilibra el espacio expositivo. Van y vienen a su ritmo, cada uno al suyo, en peculiar contrapunto caminante. Cuando el Santísimo Cristo de la Expiración, comido por los claveles, ha entrado en su templo, se produce el prodigio del tiempo y del espacio. La calle es igual de larga que a la ida, el tiempo pasa igual de…pasa igual. Pero viéndola a Ella, viendo a la Virgen de las Aguas de vuelta, afinando el oído, decimos todos lo mismo…cada uno a su manera… ¡Qué corta se hace la calle, la calle de Alfonso XII! ¡Qué corta cuándo Ella pasa, delirio de los balcones y la Virgen como un barco echa lastre en los relojes, y se mece despacito, porque los seises aromen la bulla como de cuadro donde todos se conocen buscando entre los tesoros tiaras que la coronen! Bellver te sueña en su casa, Murillo a pintar se pone, y el Museo, estremecido, busca un cómo, un cuándo, un dónde adquirirte para siempre sin préstamos ni cesiones. ¡Qué corta se hace la calle, la calle de Alfonso XII! ¡Qué luz sobre la fachada cuando ella a entrar se dispone! ¡Cómo se cambia la copla de aquellos ojos pintores! Al Museo de Sevilla va el Lunes Santo la noche, a pintar la maravilla que en la capilla se expone, novia de los pregoneros de mis besos horizonte. Una Virgen de Murillo, blanca y azul sin colores, carita de nazarena, fin de las comparaciones. ¡Qué corta se hace la calle! ¡Qué corta para su porte! ¡La Reina vuelve al Museo por la calle Alfonso XII!

No os mováis de Alfonso XII. Si queréis podemos quedarnos hasta en el Museo. Sí, por allí tiene que pasar también el protagonista de una historia escrita por la caridad. Por las estrecheces de vuelta, Jesús de la Cena, como en la multiplicación de los panes, nos repite “Dadles vosotros de comer”. Nazarenos demandantes de Los Negritos, Ángeles celosos de su Fundación; comedor de Bellavista, digno del mejor galardón que ofrecérsele pueda a María; pan de Los Panaderos para el Comedor Social de San Juan de Dios, paredaño a la Iglesia-Hospital donde María es Guadalupe y Mar. Y el Pozo Santo, Sacramento y Raquel y su obra. Porque así las hermandades serán, como Pasión y Muerte, auténticas hermandades de Oración, Penitencia y Caridad. Y el protagonista de esta historia es un negrito que pidió de comer en una reunión en la que el mismo pregonero estaba presente. Nadie fue capaz de alzar la mirada, ni para escucharlo siquiera. Pero en la mesa de al lado, alguien a quien no vimos la cara lo invitó a sentarse y le ofreció un plato de comida y amistad. Y en aquel instante, supe cómo traería al Pregón a Jesús del Gran Poder. Porque él es como aquellos que conocimos en tiempos de abundancia y luego, al verlo hundido en la miseria, dejamos que pase a nuestro lado. No le aguantamos la mirada en el besamanos, a nuestra altura, y lo contemplamos fervientemente en su Madrugada. Se me apareció en aquel negrito necesitado. Yo te encontré, Gran Poder, en aquel hombre moreno, tostado en sudor y cieno que pedía de comer. Te vi, mas no pude ver aquel gesto suplicante. Pero comprendí al instante -qué bueno fuiste conmigoque fue tu rostro mendigo el que se puso delante. Yo dejé que fueran otros los que dando el primer paso, sentaran allí a aquel hombre y compartieran su plato. Y cuando no te miré de repente trastornado, dejé reseco tu monte y tu altar y el relicario, donde igual que a los sayones diste al demente tu brazo. Quizás si hubieras venido, como vienes traspasando, puñal morado, la noche, toda Dolor y Traspaso, quizás si te hubiera visto poderoso y fuerte y alto,

vestido de majestad con la túnica de cardos, quizás te hubiera atendido con un rezo o con un canto. Yo te encontré, Gran Poder y te ignoré abandonado, pero me encuentro una estampa en el suelo y la rescato… ¿Si mis manos y mis pies están para desgastarlos, si el que pide está peor que yo, que al fin voy tirando…? ¿De qué sirve, Gran Poder, que me calle cada año, cuando Gravina oscurece y el Postigo entrecerramos, y que no salga siquiera ni un Padrenuestro a los labios? ¿De qué me sirve rezarte si luego rezo y te engaño y no le doy cada día pan a los desheredados? ¡Que no! ¡Que no tengo suelto! ¡Que no! ¡Que no puedo dártelo! Gran Poder de los hambrientos, Gran Poder de los avaros, Gran Poder de los que piden echarse a la boca algo, Gran Poder de los que sufren con la tragedia del paro, Jesús de los comedores donde el vecino de al lado, espera a que tú preguntes qué problema están pasando. No sé cuándo, Padre mío, volveremos a encontrarnos, carne viva, tu madera, zancada viva, tú andando. Yo iré como los mendigos, quizás pasarás de largo. y nosotros, Gran Poder siquiera nos detengamos. Déjame escucharte a ti y atenderte y darte abrazos, y mirarte en esos ojos que lloran sin consolarlos. Que no tema las heridas ni rostros desfigurados, ni cuerpos desvencijados

por el fragor de sus vidas. Que no busque yo escondidas calles para no encontrarte y que no vuelva a ignorarte Gran Poder de Dios hambriento. Que seas vivo el monumento donde venga a acompañarte. Mi pan, tu pan y mi vino, tu vino, y mi plato el tuyo. Que antes lo mío sea suyo y en ellos ser, mi destino. Así no desencamino mi compromiso cristiano. Así no pierdo, así gano, la crisis la lleva clara ¡No voy a volver la cara cuando me tiendas tu mano! ALABANZA REPUJADA DE MARÍA Las manos de los pobres son como las manos de María, dignas de venerarse como en el día de la Inmaculada hacemos con las manos afiladas de la Virgen del Socorro, buen gusto –signo Candau- que no me canso de alabar. La actitud entregada de las manos de la Quinta Angustia, como esperando el fin del Descendimiento, o las de la Concepción trinitaria, de las Mercedes de Santa Genoveva (recuerdo a los que en la cárcel esperan el alivio de la libertad), manos que sostienen el sudario de las penas del Tiro de Línea, cuyos vecinos andan amarrados como su Cautivo, sin el rescate trinitario que le ofrece el Polígono de San Pablo. Cariñoso cortejar a la Señora el de los niños juguetones de los candelabros de cola del Refugio. Piropo de susurros en las mujeres que van andando detrás de Gracia y Amparo. Alabanza repujada de María en la diadema de Villaviciosa y en la corona de oro de la Encarnación, mimada por Martín Santonja como Regla. Piropeo que se me transforma en los labios en una cantarina retahíla para la más morena y la más cañí, la Virgen de las Angustias. Cantaor el verso, dudoso del palo por el que lanzarse, se acuerda de un “Yeli yeli” que resuena completamente actualizado en su honor. Dijo la voz pinturera “Yeli, yeli” en poesía sin saber que subiría a este atril, y en él me viera. Mas cuando vi, postinera la ocasión, mi verso altivo frenó al galope su estribo

con castellano ademán y entre Sol y San Román vino a dejarme cautivo. Encerrarme con seis miuras en esta Maestranza quiero, para ser ya pregonero del gozo que prefiguras dejando en tus sienes puras una corona real y en el ruedo virginal de tu vientre inmaculado tiro un capote anudado de crespón y de percal. Que lo prenda Bejarano del óvalo de tu talle, y sea cascada en el Valle del Albaicín sevillano y tenga el sol casi humano celos de tanto esplendor, y enrojezca en el rubor de tus mejillas saladas, y las deje acariciadas de amarillento fulgor. Angustiado evangeliario cantado por bulerías, calladamente me envías volviendo a la Puerta Osario. Y yo que vivo cosario vendiendo glosas de ciego, de lo que miro reniego sin podérmelo creer, que es madera y no mujer de la color del espliego. De violeta y de lavanda llevas el alma teñida, trenzada y entretejida de amaranto y jacaranda. Y aunque la cera se ablanda derretida en tus panales, doce enrejados varales no encierran sino el tormento y el azul es argumento de tus yermos y eriales. Angustias, morena senda

que me sales al encuentro para que arda por dentro y en tu belleza me encienda, déjame, niña, que prenda en tus ojos soberanos mi candil con estas manos por tu candela radiante. ¡Déjame, Angustias, que cante como los buenos gitanos! Si digo gitano, digo Cava, y se me acaba el recurso si me planto ante la blancura de Mayor Dolor de las Aguas. Hermosura va regalando la Esperanza Trinitaria, que tuvo su Pregón a pesar de los tópicos y de lo establecido y me sigue enamorando cuando pasa por la Trinidad, junto al bar que es remate de mis noches de cofradías. Vamos a emborracharnos de la elegancia de la Angustia de los Estudiantes, mirando sólo esa carita encerrada entre el primor de los bordados de su manto, encerrada como la Pura y Limpia entre el barroco de su capillita. Y en la saya de Subterráneo, muchas preseas, muchos regalos de aquí y de allá, porque la Virgen no entiende de fronteras…Zaragoza, León, Zamora, Valladolid, Talavera, Madrid, Alicante, tantos andaluces de allá y de acá…todos conmigo en esta locura semanasantera. De lejos vienen los que me hacen explicarles lo que siento por una imagen bendita, que a veces se cruza por Fray Ceferino con la Amargura. Por esas manos, por esos ojos lloro siempre en su besamanos, y Ella, que todo lo sabe, ha permitido que me lo callara por largo tiempo. Ahora, en explosión de impaciencia, en sevillana vocación a su prodigio, tengo que entregarme y rendirme. Yo vengo a decirte, Estrella, lo que decirte esperaba, cuando ayudaba a vestirte, cuando a tu altar te llevaran. Deja que te diga Reina, ¡Emperatriz Soberana! ¡Dueña del Cielo y la Tierra! ¡Dolorida Adelantada!, ¡Lo más parecido al cielo que en el mundo se encontrara! Déjame decirte sombra del ficus que te abrazaba al salir de San Jacinto. ¡Valiente siempre y galana! Déjame decirte río, Guadalquivir de agua clara, corriente que vuelve siempre sin Sanlúcar ni Bonanza, caudal que nunca termina de bendición por tu causa. Déjame decirte Estrella,

déjame decirte lámpara, que arde con el aceite que saco de la almazara de moler mi corazón con la intención de que salga siempre limpia para ti la oración y la plegaria. Déjame decirte aurora detenida que no avanza, déjame decir soñando Estrella, celeste fragua, déjame decirte, Estrella, que hasta el lucero del alba, se ha convertido en negrura cuando ha mirado tu cara. Déjame decirte día besando tu piel tan blanca, déjame decirte sol, porque eres astro que embarga, déjame decirte, Estrella, que a tus plantas las galaxias hacen órbita rondando tu claridad meridiana. Déjame decirte Estrella, déjame decirte… tantas cosas que yo ya te he dicho pero vuelven y se clavan, y son ángeles atlantes de maniguetas de plata, son pañuelo y Lignum Crucis, y son todo y no son nada. Porque en este mundo nuestro, ¿qué habrá que sombra te haga?, Sólo nos queda mirarte, Estrella de la Roldana. Déjame que por ti rompa, la regla que a mí me ata, cada Domingo de Ramos con la Amargura a su espalda, con los blancos nazarenos, que son San Juan de la Palma. Déjame decirte, Estrella, por si no tienes constancia, que vivo loco por ti y esta locura tan sana, hace que busque requiebros de donde nadie lo hallara. Yo soñé decirte, Estrella, todo el amor que me abrasa,

comparando tanto amor, con el amor de la Cava. Déjame decirlo, Estrella. como me sale del alma. ¡Que yo te escribo poemas pero los firma Triana! Y escribiré al final un tratadillo teológico a mi forma. Los dogmas son aquello que no podemos explicar. María tiene declarados cuatro dogmas, pero Sevilla…la ha envuelto de innumerables misterios. La transparencia de la Virgen de la Paz, que en mi memoria se detiene en la revirá de Brasil que me enseñó Ramón. La acompañada Soledad de San Lorenzo, trastocada en su quebranto de blancura. La temblorosa azucena del sólido palio de la Concepción del Silencio, el llanto de Mayor Dolor de mi Carretería. La música de la Merced, en cuya ilusión bendigo el esfuerzo de tantos jóvenes músicos que ensayan incansables para que Dios suene por nuestras calles. Un dogma apabullante la proyectada riqueza del palio del Polígono de San Pablo. Un dogma: la sonrisa de los ancianos que se asoman a la puerta de una residencia porque pasa María, sin que importe mucho más su advocación. Dogma es que las hijas de Sor Ángela se arrodillen para venerar a la Soledad de los Servitas a eso de las cinco de la tarde. A esa hora en la que todavía quedan muchos corazones recordando el dogma inexplicable de que le pararan delante a la Esperanza de Triana. Yo venía ya un rato antes pidiendo entender mediante su contemplación el misterio que me enseñó a querer a mi Asunción de Cantillana. La Esperanza, que sigue al Cristo de las Tres Caídas en convencida jerarquía (ovación que levanta su Hijo, ella también la recibe), lo mismo que su Hijo subió al cielo, Ella va como asunta, como llevada por serafines, y entonces, Tomás de nuevo, pido que se detenga tan Trianera Subida. Me planto y le pido al capataz: ¡Que me la paren delante, que el llamador sobre el yunque dando un golpe seco, trunque paseo tan elegante! ¡Que al detenerla un instante pierda un momento el compás mientras choca una vez más la plata con los dragones, y la malla y los borlones echando un pasito atrás! ¡Ole, guapa, trianera! dirá la bulla aplaudiendo. Yo me estaré deshaciendo de amores en la ribera. Saber la esquina quisiera y la justa coordenada, pero navega llevada

por la brisa traviesilla y es la brújula Sevilla sobre su ruta marcada. ¡Que me la paren delante, que la mire y me embelese, que me emborrache de luces y me embriague su duende! ¡Que me dé tiempo de verla y de sentir que me envuelve, y de encontrarme prendido ya sin remedio en sus redes! ¡Que me dé tiempo a rezarle, como si tiempo no hubiese, trianero Ave María que me ha enseñado su gente! ¡Que me dé tiempo a acordarme de aquel rincón de Diciembre, cuando la tuve delante, desprendida y elocuente, cuando tuve la osadía, con estas manos infieles, de quitar, casi en secreto, ese alfiler de su frente! Y así, cuando en los recuerdos yo me ahogara y me perdiese, y no supiera volver del corazón al presente, que aproveche el capataz, llame al paso y se la lleve. ¡Llévatela, porque siga bendiciendo a quien se encuentre, porque siga siendo puerto, siendo río y siendo puente, y siga siendo Triana mientras Triana la espere! Yo soltaré las amarras, y veré cómo se encienden las velas que con el viento se apagaron consumiéndose, las llamas en esta hoguera de amores en que te mueves. Ya te vas, pero no entiendo -pañuelo blanco en tu manoque no es mi amor sevillano el que se está despidiendo. Tu pañuelito moviendo Señora, te echas a andar. Y yo me pongo a buscar

razones para llorarte, pero tengo que dejarte que vuelvas a caminar. ¡A esta es! Y te levantas… y al levantarte, la brisa desprende del techo palio las plegarias y los vivas, y pétalos de los Mora, y dulzuras cristalinas, evaporadas del agua del río cuando te ibas… Y te vas…y no hay quien pueda seguirte, alcanzar tu vuelo, y te alejas, y tu manto me va diciendo: “Te espero”… Y te pierdo al revirar la esquina y así, al momento recupera su rutina y el mundo es mundo de nuevo. Yo me quedaré esperando ver que la Esperanza ha vuelto, y ha detenido su palio junto a mí como lo sueño. Veré a la Asunción Gloriosa como en la gloria la espero. Yo veré el cielo y la tierra unidas por Ella en medio. Una escalera su palio para subir a lo eterno. ¡La Esperanza de Triana con los zancos en el suelo! DEL DESPRECIO DE HERODES A GRACIA Y AMPARO Dejadme echar los zancos en el suelo y regresar a casa por un rato. Dejo a la Esperanza de Triana detenida en ese rincón de la memoria en el que habita un Viernes Santo en el que la Soledad de San Buenaventura cruza hasta una Plaza Nueva que la contempla meditando en la Salvación que ha ofrecido al mundo la cruz desnuda de amor, desnuda como la cruz de la Canina, desnudo como el cuerpo del Santísimo Cristo Yacente, que promete nueva vida. Desnudo el corazón, me pide la emoción guardar Silencio. El mismo silencio que mi Señor del Desprecio, por quien ahora debería callar, pero “si yo me callara gritarían las piedras”. Las piedras de las corralas, llenas de vida. Las piedras de mi fe, talladas por ti, Señor, en la erosión constante de mi visita al Sagrario donde te canto el Christus Factus Est sin órgano ni partitura son las que gritan ahora, son las que piden cantarte y alabarte. Sabes que no puedo verte, porque me he empeñado en seguir a tu madrea allí donde Ella vaya. Pero antes de que te marches a policromar de blanca locura las calles de la

ciudad, me da tiempo a despedirme de ti. Me falta tiempo para apreciar tus detalles de ese misterio que durante los oficios del Jueves Santo permanece inmóvil a mi espalda, prestando todo el protagonismo a la liturgia de los días santos, de la cual un cofrade no puede desentenderse como si olvidarse de los oficios fuera su característica singular. Recuerdo los oficios y recuerdo la salida, y equivoco los papeles de unos y de otros, y así me permito asignarle a uno de los malos un buen sitio en esta historia amargurista. Era un Domingo de Ramos… Sonó el llamador, y dio el primer paso, temblaron las llamas y los candelabros. Paso lento, poco a poco, la cintura, ya recorto, sobre la luz ese esbozo. De las sombras hasta el trono los perfiles de un barroco que en la calle se hace gozo. Romano, Señor, Romanos, dos más. Ya suena, ya está, Silencio Blanco…Tá, tá, tá… Manos atadas, marcadas venas, cabeza gacha, tersa melena. Mirada dulce, que te embelesa, no como el bicho que le protesta. Este es el Cristo que, tras la reja de su Sagrario, me desconcierta, y cuando calla en su Besamanos, y en los eneros de su quinario, me da razones para adorarlo. Ya es la última cadencia, da un paso, otro paso y…se marcha! Se va el Señor, pero vuelve a los ojos su prestancia, se va, porque debe irse, porque Herodes, que es un plasta, tiene el cuello retorcío viendo cómo se le escapa. Que no, Herodes, que no, quillo, ¿qué dices? ¿que eres tetrarca? ¡Aquí manda cuatro veces y cuatro mil el que manda! Herodes, a ti te llevamos porque sí, porque hace falta, porque Tú vas con tu enfado y tus collares y contrastas y haces más bueno al Más Bueno que has echado de tu casa. Herodes…este Herodes… ¡qué torpe eres miarma! Ve a buscar a Villanueva, pídele sitio en la alta, seguro que a la primera no encuentra otro…y te iguala!

Dadle un relevo…importante, que sepa bien lo que carga, y le digan Nani Aguado y Álvaro Núñez con guasa, con palmaíta en el hombro… Herodes…¿qué? ¿Te da caña? Pa que lo cuente lo historia, pa que se escriba en las actas, pa que lo sepan los niños que en los concursos no fallan. “Di una imagen secundaria que salió de costalero en su cofradía”. Y te saltan. “Yo lo sé, yo lo sé, yo lo sé”: A ver, responde el equipo que siempre las rosas gana. “Eso fue que un pregonero, le dijo que se buscara, un sitio para llevar al Dios de quien se burlaba. Lo dejó la cofradía, y el capataz le dio cancha, y lo supo todo el barrio y el barrio lo echaba en falta. Y es que Herodes dejó el trono, la corona y las alhajas, y salió de costalero desde San Juan de la Palma” Salir de costalero, meterse bajo las trabajaderas, no debería tener más limitación que la fuerza humana al desgastarse. Podría achacarse al pregonero que no se ha acercado nunca al mundo del costal y que por ello sus palabras iban a tener el vacío oneroso de la inexperiencia. Nunca fui costalero, como nunca lo fueron tantas mujeres que quizás sí lo querrían, pero en los costaleros he encontrado el motivo para dar nueva vida a un espíritu quebrantado. Me pidió una vez el pregonero de las Glorias, Antonio Gila Bohórquez, médico de profesión, que no me olvidara de los hospitales. Que tuviera allí presente a aquellos que como, Jesús Nazareno, el de San Antonio Abad, cargan con el revés de una enfermedad y guardan silencio al pasar entre la gente, y su excusa suena a saetillas que todo el mundo sabe entonar de memoria. Que recordara a los médicos, que pasan muchas horas intentando aliviar ese quebranto. La cruz de la enfermedad, que es la más difícil de llevar y compartir. Como la que lleva un amigo costalero de Cristo. Lleva ya un buen tiempo compartiendo la Pasión y el sufrimiento con un cáncer que lo tiene alejado de la que había sido “la vida de un tío joven”. Me uno a las voces que piden una renovación del Pregón, un cambio de escenario, una ampliación del aforo para que, con menos diferencias, todos los que quieran puedan asistir. Vayamos por partes. Renovemos el pregón de forma que todos puedan participar. Vamos a llevarlo a cabo.

El Pregón de un joven también se pronuncia por Twitter. Y en el Twitter todos ustedes pueden poner su palabra y su oración pregonera. Suena poco sevillano eso de Hagstag (digamos etiqueta). Pero hoy todos los que usamos esa red social, todos con el pregonero, vamos a dar fuerza a ese loco del costal y a tantos que lo pasan mal, en los hospitales o en el encierro doméstico que les tiene privados de disfrutar con sus hermanos de la Cuaresma. Escribiremos en Twitter Almohadilla, seguida de la palabra Animo y a continuación el nombre de aquel cofrade que conocemos que está sufriendo por cualquier enfermedad. Yo recupero un hagstag promovido por Pérez Pacheco, porque se lo merece. Un hagstag en el Pregón, que es tendencia y marca vidas.

ÁnimoGuille, no impidas

que te iguale la ilusión. Tú fájate el corazón y échale valor y empeño. Por flojito y por pequeño que sea el progreso, pa´alante. Hay un papel importante pa ti bajo de ese leño.

ÁnimoGuille, tú aprieta,

tú tira fuerte pa´arriba, que un fracaso no se escriba siendo el Señor quien te reta. Tú déjame que yo meta el cuello y cargue también.

ÁnimoGuille, mantén

arriba el paso, tú aguanta. Vive una Semana Santa costalera al cien por cien. Cáncer no, di gusanillo que tienes por el costal. No hay terapia ni hay final que cure eso, chiquillo. Tú presta oído al martillo “Guillermo, que vi-a-llamá”.

ÁnimoGuille, que está

sobre ti Sevilla entera. Tú sé valiente y espera y al tercer golpe, a volá. A volá, pero a volver otra vez sobre el asfalto No hace falta que tan alto te eleves. No quieras ser más que ninguno y perder

el sitio en tan alto vuelo. Hazlo por Maca, por Chelo. Sí, por el Jorobaíto.

ÁnimoGuille, repito

pa´ que se escuche en el cielo. ¿Sabes a quién se lo pido? A quien puede y a quien quiere. La que consuela las penas de tu madre y de tu gente. La que está en Omnium Sanctorum y sale el Martes y tiende cuerdas de Gracia y Amparo para que tú no te sueltes. La que te está dando vida, la que te está dando suerte, la que ilumina tus ojos cuando en el llanto se pierden. Hazlo por los que te buscan, hazlo por Jesús Gutiérrez.

ÁnimoGuille te pide

tu hermandad de los Javieres. RETAZOS DE INFANCIA EN EL BARATILLO Ahora quiero entregarme a Ella. Pepe Asián sabe lo que le digo. “Ustedes dirán…¡y no la nombra!” Te estoy nombrando, Pastora, en el azul imperial de Montserrat y de la Hiniesta, la mejor retama en su parroquia-santuario de San Julián. Estás, Pastora, en los bordados que Patrocinio del Real, tu camarera, ofrendó a la Virgen del Valle. Estás en la escolanía que acompaña a la Sagrada Mortaja, que bien podría asomarse a tu puerta. Estás, Pastora, en la mano que Dolores de Servitas posa sobre el Cordero Providencia. Pasas, Pastora, en el morado de los nazarenos de la O, morado que te viste hasta que la impaciencia malagueña te viste de claridad antes de tiempo. Hoy también, Pastora, te he dejado un hueco especial para evocar aquella hermosa visión del primer recuerdo. Que el primer paso que yo tenga en mi mente sea el de la Piedad del Baratillo es una coincidencia que comprendí cuando supe, que Sebastián y Bandarán sugirió a Fernández Andes que se inspirara para Ella en mi Pastora. Por eso sigo yendo a la calle Santo Tomás a encontrarme con la Pastora en la Piedad del Baratillo. Allí, donde mi tía Rosi me llevaba después del trabajo, allí donde me encuentro con la infancia que jamás perdí. Allí donde cangrejeo porque así completo mi historia de amor por la cofradía. Y evocando las formas de mi maestro Francisco Montero Galvache, y en el lugar de siempre… Porque quiero, porque quiero en calle Santo Tomás me siento baratillero.

Azules se desparraman mis recuerdos infantiles. Azules tirando a añiles que en mi mente se amalgaman. Los cirios como en techumbre amontonando la lumbre y yo que contarlos quiero y tú acercándote vas… y en calle Santo Tomás me siento baratillero. ¡Los ciriales, los ciriales! y alguien que me coge en brazos y yo dibujo retazos de brisa en mis lagrimales cuando la emoción estalla recortando en la muralla inri, escalera y madero y aún sin saber qué me das en calle Santo Tomás me siento baratillero. La Piedad que me enamora sudario sobre la piel, delirio, panal de miel que es mi sufriente Pastora. Su mano en el cuerpo muerto, ceguera que ha descubierto palpando el dolor primero primero entre los demás mientras en Santo Tomás me siento baratillero. Piedad, rojo en la cintura, Piedad, rojo en las heridas, Piedad, puntadas perdidas de mi infantil travesura. Misericordia que anuda esa tragedia desnuda con un cordel marinero. Misericordia, te espero que sé que me tenderás tu mano en Santo Tomás y me harás baratillero. Caridad con temblorosas velas enrizás que llevas, fundidas y siempre nuevas con ese andar pinturero

te veo en Santo Tomás y al punto baratillero como siento y como quiero como si fuera pequeño me tornas dentro de un sueño de añoranza prisionero. Con mis lágrimas se imprime la oración con que responden las murallas, las cadenas, el león, las azucenas, el llamador y el varal, y el clavel en su fanal y en la bulla el cangrejero. Cangrejero el pregonero que vuelve a pedir permiso, porque es vital y preciso que se cruce y me entrometa hasta que encuentre la meta donde espero y desespero donde sé que me darás en calle Santo Tomás tu primor baratillero. Que es toda la cofradía baratillero disloque, que en mis latidos provoque baratillera alegría. Baratillera tan mía como hacía de chiquillo, jugando por el pasillo teniendo por diversión imitar la procesión y el paso del Baratillo. Por eso en Santo Tomás yo me gasto y me deshago y entre lágrimas apago mi infancia cuando te vas. Tú me la devolverás cuando me encuentre contigo y antes de entrar al Postigo despida en la chicotá tu palio, que ya andará alejándose lejano. Yo tocaré con la mano suave el respiradero. Se me irá tu Caridad por aquel desfiladero

donde el recuerdo postrero no tiene tiempo ni edad. Y aunque no sea mi hermandad, y aunque no pague la cuota, enredaré galeota tras el flautín postinero la emoción de cal y albero con que azul me pintarás. Yo sé que tú cumplirás, Caridad, Piedad, te espero. Porque quiero, porque quiero en calle Santo Tomás me siento baratillero. JÓVENES CACHORROS, IGLESIA RENOVADA Me siento baratillero desde siempre, igual que se sienten nazarenos de la Borriquita hasta el final los hermanos que en Salvador se levantan a proclamar la fe exclamando: “A Dios por el Amor” en la mágica cruz que dibujan la Virgen de las Aguas y el Señor Nazareno de Pasión, uno de los preferidos de mi casa, que bendice con su indecisa pisada todas nuestras dudas, todas las preguntas ante el futuro incierto de los niños de hoy. Tenéis razón, yo fui niño antes de ayer, y siendo niño arrugué los párpados por el sol reflejado en el paso-cristo de San Roque y aprendí a entender la belleza madura de Dolores y Misericordia. Ahora soy un joven soñador, que no quiere desunión en las hermandades, ni que haya más comisarios porque falle la fraternidad. Quiero un Dulce Nombre más dulce que nunca sin tribunales de Anás entre hermanos, no quiero que San Esteban provoque más Desamparados. Ni yo, ni ninguno de los jóvenes que hoy se sientan en este teatro, o están oyendo el Pregón sentados en la mesa de las estampas. Ellos se entregan por completo, y viven en la esperanza de ser útiles. Quieren salir de acólito, de librea, pero también quieren demostrar lo que saben y lo que han aprendido. Hay que repetir lo valioso, y reformar lo necesario. Somos jóvenes que nos hemos encontrado a nosotros mismos, y hemos tenido buenas oportunidades para crecer aprendiendo de los mayores. Aquí están los jóvenes. Aquí estamos, y con nosotros, está el Redentor que nos arrastra y nos enseña. Yo le doy un nombre especial. Cristo de la juventud, Cachorro, que sigues vivo. yo quiero que seas patrón de jóvenes y de niños, de los que vamos creciendo y los que aún son chiquillos que no saben de la vida porque jugando han vivido. Cachorro, tú que pareces

que estás al fin del camino, quiero que seas paso cierto, quiero que seas el principio, y pongas sobre la arena de la playa tu barquito, y nos lleves de tu mano, por tu mismo recorrido, sobre la mar de la vida, sobre la mar del destino. Tú sembraste en nuestros surcos un Evangelio sencillo: amar a Dios sobre todo y al hombre como a ti mismo. Tú pusiste en nuestras vidas tres letras y un paraíso: JMJ, Madrid, Cuatro Vientos, Benedicto. Dicen que tú no viniste, y yo te sentí conmigo. Y yo te cambiaba el nombre, sobre el pecho crucifijo, y no fuiste Expiración fuiste, Cachorro, distinto: Cristo de la Aspiración que unía nuestros designios. Un millón de cruces dieron a todos los peregrinos. Y en la cruz un cristo muerto, pero da igual, da lo mismo. Estaba la juventud herida por tantos mitos, perdida en redes sociales, consumida entre los vicios, vacilante y sin modelos, despreocupada, a su ritmo. Pero estabas también Tú, Cachorro, cambiando el sino, y desclavando tus manos Señor, para bendecirnos. No hizo falta que vinieras, porque allí, en aquel bullicio dos millones de Cachorros por ti estuvieron unidos. No hizo falta procesión, paso, cortejo de cirios, tú estuviste de otra forma, Cachorro de mis caprichos. Te regalé un Viernes Santo de Zurraque y de Postigo,

de Castilla y Magdalena de Puente y Fray Ceferino. Te regalé un Viernes Santo sin lluvia, pero tú mismo te hiciste lluvia en vigilia como en tormenta y Rocío. Yo te ofrecí un Via Crucis de cansancio desmedido, de no parar ni un momento pero tú aguantaste el tipo, y no faltará este año tu corazón sobre Río. Cristo de la Juventud, Cachorro que sigues vivo, que recibes de los jóvenes nuevas fuerzas, nuevos bríos, que no se quede Sevilla pensando que ha envejecido, que los jóvenes no pueden relevar a los antiguos. Somos jóvenes cofrades, no nos da miedo el peligro, de subir a los altares o bajar a lo escondido. Cristos jóvenes que somos Cachorros nuevos de Cristo. Somos jóvenes cofrades y trabajamos unidos, y el Cachorro nos empuja y nos ofrece cobijo y sostiene nuestras almas cuando ya estamos vencidos. Aquí está la juventud dando el callo junto a Cristo. Cachorros de un mundo nuevo pero Cachorros contigo! Cachorros abandonados nos hemos sentido hace muy poco. La renuncia de Benedicto XVI embarulló los planes de muchos, y nos dejó como a los apóstoles de la Redención y de los Panaderos: asustados y queriendo escondernos tras el olivo de la sorpresa. El Pregón había nacido también en la renuncia de Adolfo Arenas (a quien siento cerca a pesar de la humildad y la grandeza que ha demostrado al dejar de acompañarme) y también, dicen, en la renuncia del Vicemayoral Carlos Amigo a pronunciarlo. Cuando el tiempo apremiaba, asomando la cruz encima de la canastilla como en el Despojo y las Penas de la Estrella, rompí todas las previsiones.

La Iglesia cayó en estupor, como en el Sábado Santo, cuando el Varón de Dolores y la Virgen del Sol dibujan un estilo propio que siempre defenderé. Como en el Sábado Santo, la Iglesia quedaba a la espera de conocer el siguiente paso. Y en el paso del Decreto, tomaba rabiosa actualidad una escultura que pasa muchas veces desapercibida. Después de la renuncia de Benedicto XVI… Lo mismo que en el Decreto la Iglesia estaba dormida, desconcertada y vencida tras desvelarse el secreto. Siendo la renuncia un reto de toda la cristiandad, se me impuso la verdad encima de la flaqueza. Con esa humana entereza nos pidió: “Resucitad”. No le echó a la sepultura una losa más pesada, ni abandonó allí enrollada su mortaja de blancura. Alzó la voz bien segura sin que el pulso le temblara. No hizo falta que aclarara las causas que le movieron. Sólo sé que nos pidieron que Jesús resucitara. Y con él, la propia Iglesia que renovada consigue, que sea la luz del Domingo y esa Aurora la que brille. Que no vacilen sus pasos y los cristianos confíen, y que siga siendo el norte nuestro Romano Pontífice. El Papa Francisco viene con el blancor de lo humilde, para curar las heridas, viene a que se estigmaticen con San Francisco de Asís, las heridas infelices. ¿Qué no es tan joven? ¡No importa! lo que importa es que nos guíe, por la senda de la fe, y que hacia Cristo encaminen su vocación y destino los que perdidos se miren, desafiando las brumas

de la noche y sus matices cual rompe la madrugada tu lasaliano desfile. ¿Mencionarte en el atril? Hay que mirar qué nos pide con cada acontecimiento el Señor de los que viven. Hoy la Iglesia necesita velar, velar, sin rendirse. Despierta, Iglesia Dormida, será mejor que espabiles. Benedicto XVI “La Iglesia es de Cristo” dice. Del Cristo que por Sevilla, va arrancando los repiques, de la Giralda a San Pedro, torres con ansia de abriles. ¡Cristo sale del sepulcro en estos tiempos difíciles! ¡Cristo no se ha echado atrás! No renuncies, no vaciles, demuestra que con más fuerza estás dispuesta a seguirle. Despierta, Iglesia dormida, deja el letargo en que vives. ¡Cuántas oportunidades de florecer te persiguen! ¡De vuelta por San Luis, como quien no quiere irse, viene ya el Resucitado resucitando invencible! Azul, como azul Aurora, blanco como los jazmines! ¡Un cónclave de tres días año tras año repite! ¡Despierta, Iglesia dormida! ¡Él te busca y te bendice con un Pascua de Gloria para que tú resucites! LAS VÍSPERAS SON TAMBIÉN SEVILLA Resucitad el recuerdo del Buen Fin avanzando por Marqués de la Mina, Centuria y chocolate, Palma y adobo, cera roja y plata deslumbrante. Si digo Luz, digo Carretería, y digo masa de cardos y uvas, lagar de vino donde la Salud calma la sed con una bodega de lirios morados que bendice el preste tras el palio, seña de elegancia que nada tiene que ver con hermandades serias ni alegres.

¿Alegre? Alegre el saetero que ve cómo le paran a la Candelaria para que le cante, con la misma voz con que le cantan en el balcón de Casa Rodríguez en calle Francos, que cumple cien años. Cantan en el Barrio León la salve a la Virgen de la Salud los naranjos y los patios y las verjas de sus casas, donde Caifás tiene cabida por aquello de que se arrimó a un árbol Soberano. La memoria va fugaz de un rincón a otro, me lleva donde quiere, y yo me dejo llevar porque sé que me espera la delicia de un encuentro precioso. Me espera quizás un bocadillo del Juli o un café cuando San Gonzalo pinte de blanco la Campana, o que Práxedes abra el balcón del Mercantil a ver cómo Jesús de la Cruz al Hombro tiende su mano a las Santas Mujeres. Siempre en todas partes, la tertulia de cofrades. Y un pregonero valiente en su respuesta. A mí me gusta escuchar esas tertulias magníficas, que me encuentro en la taberna de Morales, La Fresquita, Casa Ricardo, El Tremendo y otras de categoría. Allí están cuatro cabales hablando de cofradías. Que si un palio, que si un Cristo que si una calle escondía, y cuando intentan los cuatro explicarla y definirla, afirma uno entre ellos: ¡eso es una cofradía! Pero en esa afirmación nunca vemos incluidas, las cofradías de lejos que son “de hace cuatro días”. ¿Cuatro días? Torreblanca es la decana en la lista, y a los Pilatos del mundo va reclamando justicia. Y el Parque Alcosa, que bebe del Cáliz de su Mesías todo el Divino Perdón que brota de sus heridas. ¿Y el Cristo de la Corona? Con él no se justifica; porque es de ruán morado la hermandad catedralicia. Y en Padre Pío, la gracia más que hispalense, es Divina. Divina Gracia se llama allí en Palmete María, donde San Juan de la Cruz divinos versos recita.

Y se llama Dulce Nombre la Virgen en Bellavista, y se llama Coronada, como yo la llamaría, y es en doloroso Valme Remedio y Salud, su vida. Pino Montano es el Huerto donde a Jesús lo cautivan los sayones y romanos que el mundo nuestro le envía, y la Virgen del Amor con su amor evangeliza. Y en claretiana algazara Heliópolis se arrodilla, que el Cristo de la Misión carga con la cruz y alivia de su Madre del Amparo del corazón las espinas. Pasión y Muerte, que es, Pasión y Muerte tan mía, Desconsuelo de una Madre que entre sus manos unidas lleva el ruán de Triana y es Buen Aire que nos guía. Mía, como es también San José Obrero, que inicia su camino penitente con dos pasos en seis días, Jesús de la Caridad, sobre lirios y cardina, y Dolores, que en mi barrio, sueña con su calle Pinta cuajada de nazarenos blanquiazules en dos filas. Mi barrio de penitencia, Mi barrio, que no se olvida, de tu apoyo, Padre Víctor que desde el cielo nos miras. “La Fe nace en la Parroquia”, y en mi parroquia os diría, que mi fe, viendo a los Mínimos, se aumenta y se multiplica. Donde yo vaya, diré lo mismo, pues no es mentira: mi Parroquia me hizo grande por dentro y mientras crecía, me enseñó que no hay distancias, límites ni cortapisas cuando nos quema en las manos

el fuego que evangeliza. Decían los que charlaban… “eso es una cofradía”. Si me disculpan ustedes, con su venia concedida, por muy pobres que parezcan, muy modernas, muy sencillas, sé que todas empezaron con lo mejor que podían. Los cofrades de estos barrios, los que allí viven y habitan, y pertenecen también a hermandades escogidas, ¿es que son menos cofrades y son menos capillitas? Los Príncipes, Miraflores, Cruz Roja, Las Avenidas, Sevilla Este, Villegas, Rochelambert…seguiría… Plantinar, Juan XXIII Amate, Tiro de Línea, pongo el Polígono Norte y Bami y las Letanías y los de Madre de Dios Tablada, El Cerro, La Oliva, los del Polígono Sur, Santa Aurelia y Romería, y Macarena Tres Huertas La Paz y Las Golondrinas, Las Almenas, Las Naciones, Valdezorras, San Matías… Esos barrios y otros tantos son también, también Sevilla. ¿Es que son menos cofrades? ¿Es que de forma distinta viven lo que están sintiendo y esperan lo que se ansía? Dicen los cuatro cabales: “Eso es una cofradía”, los barrios del extrarradio son también, también Sevilla. Son también las Hermandades, las Hermandades de Vísperas, auténtico testimonio de fe de una Iglesia viva. Porque en aquellas tabernas que están lejos son distintas las murallas y los límites de la ciudad y sus días.

Allí también hay cabales y tertulias escogidas, y dicen de sus hermandades “eso es una cofradía”. Quien tenga oídos, que oiga, quien tenga labios, que diga: las Vísperas son también Hermandades de Sevilla! SEVILLA Y EL CREDO MACARENO ¡Sevilla! Llegó el momento de la efusividad de tu fe, de la proclamación verdadera, de la justificación auténtica del Pregón. Alza la voz junto a mí, cógete de mi mano y ven a ver cómo van los niños a jurar las reglas cuando se repite la protestación de fe, cómo acatan su obligación los que se ven amorosamente abandonados por la obligación que significa el crecimiento de su cofradía. Yo te pido, Sevilla, una profesión de fe como sólo tú sabrás hacerlo. Me la he imaginado yo, pero estoy seguro que lo hiciste en lo íntimo del corazón. En la calle Feria te espero el Viernes por la mañana, cuando las flores de la Virgen de los Dolores del Cerro – nuestra Lola- se han mustiado y la plata de la Candelaria ya no brilla. La calle Feria está recorrida por un cortejo nazareno que aturde los sentidos, lento como miel de torrija y de pestiño. Está pasando el último tramo de cirios, y el estandarte camina cansinamente sobre los adoquines y el asfalto. Es el momento. Sabes manifestarte de mil formas, pero como mejor lo haces es vistiéndote de nazarena. ¡Sevilla, levántate y enciende los cirios apagados, arrebata el estandarte al nazareno penitente y toma tú misma la voz! Hemos venido hasta la Esperanza, y ante ella proclamamos un credo nuevo, pero siempre repetido, el credo de los macarenos, reformulado a nuestra manera. Y así lo confesamos: ¡Sevilla, Sevilla entera unida en protestación de fe por la Macarena! Unir las voces yo quiero de los que sólo la miran, y Avemarías no aciertan, de los que besan sus fotos, los que al buscarla la encuentran, de las madres recién madres, y de las madres de vuelta de aquellas horas de duelo, de aquellas noches en vela, de los padres y los hijos enredados en pelea, que suspenden por un rato sus lances para ir a verla. ¡Sevilla, Sevilla entera

unida en protestación de fe por la Macarena! Sevilla diciendo a coro, “Creo en Dios, porque la hiciera Creador de la Hermosura Creador de su Grandeza. Que hizo el cielo por bajarla e hizo al bajarla la tierra, que hizo visible en su nombre las maravillas excelsas y en Ella puso invisibles la Gracia y la Vida eterna. ¡Qué bien suena! ¡Qué bien sale! con la voz sin temblequera, Sevilla, Sevilla entera unida en protestación de fe por la Macarena! Creo en Jesucristo, el Hijo de Dios y de Madreperla, nacido antes de que el tiempo en Madrugás se viviera. Dios de Dios y luz de luz, Dios por Dios y Luz por Ella. Dios verdad de Dios verdad Verdad que en San Gil se muestra, engendrado, no creado, hecho de aquella manera como tiembla la esmeralda sin que una mano la mueva, con el Padre Omnipotente de su igual naturaleza, del Padre, que lo hizo todo y en Ella tuvo su meta. Sevilla reza: “Yo creo que Cristo pisó las piedras de la calle San Luis del Pumarejo y de Feria, que por nosotros los hombres y por salvarnos, quisiera por obra del Santo Espíritu, sembrarse junto a la acequia que es Santa María la Virgen pero aquí se dice Reina. Que se hizo hombre y se hizo el Señor de la Sentencia, y entre Centuria y Pilatos, y entre gandinga y cornetas, padeció y fue sepultado pero fue losa ligera,

que resucita glorioso antes que nos demos cuenta. Resucita antes que nadie y es primicia y es bandera de esperanzada alegría por calle Parras de vuelta. Que Jesús vuelve a la vida y sube al cielo y se sienta a la derecha del Padre y allí permanece y queda como se queda dormido con Rosario en su belleza, y así es más dulce el juicio y así el Reino manifiesta. Creemos en el Espíritu que da vida y nos alienta, que es paloma que se posa en la rama y la veleta, que es del Padre y es del Hijo, y con ellos se revela, mientras habla por tus ojos esa voz de los profetas. Sevilla, puesta a tus plantas, creyendo por ti en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica, confiesa que se bautiza en los pétalos que caen de las azoteas, y así limpia sus pecados en morada penitencia. Sevilla espera por ti, que los que mueren no mueran, y al llegar tú resuciten y entonces Sevilla entera, se una en protestación de fe por la Macarena. Sevilla nunca termina de responder: Que así sea. cuando recita este Credo Macareno a su manera. Ella en el centro de todo. Sevilla, Sevilla entera, cuando repite tu nombre se crucifica y se eleva, Tu nombre en protestación de fe por tu nombre auténtica. Tu nombre como una cruz y tu nombre por respuesta. ¡Macarena, Macarena, Macarena, Macarena, Macarena!

RENOVACIÓN TOTAL: EL CALVARIO Ahora debo subir a la altura que espera la cruz. Debo elevarme, debo subir al monte santo, experiencia que tantas veces reviví visitando la Basílica de la Virgen de la Cabeza en Andújar, el Real Santuario de Araceli en Lucena, Montemayor en Moguer o la ermita de Santa María del Monte Calvario en Málaga. Allí, repitiendo las estaciones del Via Crucis de Itálica, encontraré la renovación total. Voy al Monte Calvario. Vienen conmigo, dentro de mí, los sayones que azotaron como perros al Cristo Atado a la Columna, los romanos, las Mujeres, María…todos los personajes del drama. A mi espalda un serrucho falaz para cortar la cruz por donde quiera. Voy al Monte Calvario porque, mientras todos los ojos se desperezan, o se incorporan o abandonan la batalla de la Madrugá, yo recompongo todo el bagaje de un año, y con mis cruces y con mis sombras, con mis sonrisas y mis problemas, voy a buscarte por Castelar, por Molviedro, por Zaragoza, persiguiendo a la luz que colorea impertinente la mística evocación a la que me llamas. Voy al Monte Calvario y desperezo el alma para este ejercicio espiritual. Vengo a amanecer contigo, Cristo de marfil y sándalo, de carne recién despierta de ojos recién clavados. Vengo a penetrar en ti, vengo a asomarme temblando, vengo a que el frío se cuele tras de la piel de mis párpados. La tiniebla desvanece los secretos, los oráculos, mientras va pintando el cielo con pincel emborronado un amanecer que ignoro que se aparece llorando. Y ya estás en Zaragoza y yo reniego y abato las banderas de Esperanza que me sigan esperando. Yo te miro tremolante sobre el mástil del canasto, chisporroteo naranja, cascada y fuente de patio, surtidor de envenenadas aguas de hierro y cobalto, aguas que nos dan la vida y aquel venero secaron. Nazareno teorema, tus cofrades, tus hermanos, son el camino más corto

pero el sendero más largo. Yo me visto de ruán con ellos, y en el esparto pongo cuerdas que me frenan cuando pasas a mi lado, siguiendo la travesía de un cortejo que al mirarlo, parece un altar de cultos cuando termina el quinario: muchos cirios humeantes, fundidos pero ordenados. Pasas, entras y te escondes, de lejos miro aquel tránsito, por la puerta de los muertos que hoy es la puerta del arco. Parece que vengo ya de enterrarte suspirando. Pero joven y San Juan, vuelvo a replegar mi manto, y cruzo entre las dos filas y piso los pies descalzos. Vuelvo a amanecer contigo, Virgen de perla y de campos, de carmín y de algodón, de tules y de bordados. Virgen toda, Virgen pena, Virgen cuajada de acantos, Virgen de yedra y de espinos, Virgen flor y Virgen tallo, Virgen que siembra en su pecho con un puñal como arado. La de la piel de azalea como tallada en el mármol, la que lleva golpes secos de bambalina en su palio, la que rasga el vientecillo gélido con sus manos, la que tiene por varales las palmeras de San Pablo. Se nos presenta en su nombre Presentación, y callamos. No hay saludo consistente para firmar nuestro pacto. Nos deja ya para siempre rendidos, embelesados. La tierra entera despierta, todas las piedras cuajando flores de donde no pueden ni siquiera imaginarlo.

El sol en la Magdalena postrado bajo tu Amparo. Y yo despierto contigo, y yo despierto arañando mis retinas en la luz grisácea del tiempo exacto, la luz de las ocho y cinco que tiene un nombre en mis labios. Perdida la cofradía yo me encuentro y me rehago, y alfarero de esta loza me siento frágil y blando. Y yo despierto contigo, y me despierto soñando, que he despertado otra vez bajo la luz del Calvario. LA AMARGURA: MI MADRE Y ahora ya, bien despierto pero agotada la voz y el corazón en esta empresa, el pregonero tiene que pediros un último resquicio de confianza. Olvidada ya la obligación del anuncio, de la llamada, de la invitación a todos a construir de nuevo la impetuosa realidad de la Semana Santa, no puedo evitar volver los ojos y el corazón hacia la expresión llorosa en la que encuentra cobijo mi sufrimiento. Con Ella termina el Pregón de la Semana Santa, de la Pasión y la Muerte de Cristo, a quien seguimos detrás del nazareno que porta la cruz con la misma unción franciscana con la que la abraza San Diego de Alcalá en el convento de San Antonio. Con La Amargura se acaba el Domingo de Ramos de rizada palma florida, y los más radicales dicen que se consume una porción importante de la Semana Santa. Esos mismos compendiarán lo exquisito de los siete días que nos aguardan junto a la humana esclavitud de la Victoria, plantarán a la Amargura frente a la rosada finura de Nuestra Señora del Valle, palio como de suspiro, como de pecho encogido que guarda dentro un puñal de acantos y una flor pasionaria, pero nunca comparándola con tantas hermosuras podrán comprender lo que significa para los que somos hermanos sintiéndonos sus hijos. Desaprovechar la oportunidad para declararte mi amor sería echar por la borda tantas lágrimas derramadas orgullosamente disfrutando de mi cofradía, de mi cofradía. Frente a la Amargura ocurre siempre igual: uno la ve desde fuera, se va enganchado cada vez más y acaba entregándose por completo al misterioso embrujo de su piel morena, en la que no dejan de abrirse los surcos ausentes de Carmen, José Luis, Esperanza, Salud, Juan o Marco, tu cándido nazareno. No puedo verla como la vieron quienes la elogiaron en lo estético y en lo profundo de su teología. Ahora sí que me siento joven, y falto de experiencia, y corto de recursos después de haber recorrido una Semana Santa de sentimientos enfrentados, por la que hemos ido y venido presurosos como lo haremos en una semana.

s de haberme dado por completo, haberme equivocado en el empeño. Madre, Amargura, fui valiente, me lancé pero siempre, a cada paso, estabas Tú asomada al valiente cancel de nuestra ojiva. Así he ido descubriendo tu verdadera riqueza: más allá de lo que puede verse, me siento mucho más afortunado por pertenecer a esa familia, a esa comunidad de amor. Amargura, tú no vales más por los hilos de Ojeda, porque no hay oro que pueda competir porque lo iguales. Los faldones, los varales en nada los tengo, en serio. Aunque parezca un misterio tú no eres Amargura. El nombre es solo envoltura, sacristía y presbiterio. Tu nombre todos lo dicen como el que dice quebranto, y al nombrarte el Lunes Santo te recuerdan, te bendicen desde la cruz hasta el manto. Y la marcha, y los claveles, y San Juan, y la corona… Todo eso es Amargura, y para mí es otra cosa. Amargura es una ojiva, y una reja y un cancel, que enseña a través de él a María en perspectiva. Para mí, Amargura es él, Antoñito, el sacristán, por quien las puertas están abiertas a quien nos llama. Amargura es una rama de rosal del arriate. Amargura es que yo trate de pasar en Marzo y sienta que está fallando la cuenta en cuanto el manto delate (porque a la puerta se enfrenta) que después del retranqueo me está esperando un paseo de veinticuatro quilates. Y en mi canción de verdades… Otra vez tú, golondrina volandera que en la cárcel de tu palio nos ofreces

tu Amargura incomparable. Tú eres para mí, Amargura, un recuerdo inolvidable cuando Abril dijo a Noviembre que tenía celos de amarte. Tú eres un amanecer de noviembre deslumbrante, y eres un sol desprendido de un cielo sin antifaces. Eres el mejor poema, y el más bonito mirarse en un espejo de Dios cuando subo a visitarte. Es un pensar que allí estás siempre que voy a rezarte. Por eso que la Amargura, no es para mí aquel detalle, ni esa marcha en una esquina, ni al revirar, izquierda alante, cuando Ollero me la gira y puedo ver su semblante. La Amargura es levadura que falta al pan de los ángeles, que hace que dentro de mí crezca la fuerza y me alcancen las ganas de dar un paso cuando más falta me hace. La Amargura es Santa Ángela elevada a lo más grande, y Madre María Purísima con la corona en su talle. La Amargura que yo digo es simplemente mi Madre. Acompañante de preste seré tras de ti, mas sabes… que por servirte, Amargura, yo seré cantor, sochantre, redactor de boletín, y organista y lo que manden, y buscaré un huequecito en uno de los pilares. Y allí podré comprender que siendo las dos iguales, Pastora, Amargura, sois sencillamente mi Madre. Ahora que ya no hay tiempo, vuelve el tiempo a regalarme la preciosa cercanía de un brazo al que encaramarme,

de una voz que me acurruca, de unas manos donde cabe el consuelo de esas lágrimas que de chiquillos nos salen. En tus ojos, Amargura, siempre dulces, siempre afables, la sonrisa cariñosa mientras jugaba llamándole, la dulzura de unas cuantas meriendas de chocolate. Y aunque los siglos pasaron, y aunque los siglos pasasen, y el Iphone y la Blackberry nos distraigan, nos aparten, y aunque sigamos haciendo mil locuras, mil maldades, nos olvidemos de todo y no sepamos de nadie, Tú me sigues esperando por si me acerco a llamarte, por si requiero tu abrazo de canela y de azahares. Ella el Domingo de Ramos será, Sevilla, la madre, que te llevaba al colegio, que lloró cuando enfermaste, y cuando vuelva rompiendo la brisa por calle Alcázares, te dirá aunque no la mires… “No se te olvide abrigarte”, Y ahora cuando me faltan palabras para cantarte, lo oscuro del Maestranza que se ilumine y se alce. Que es mi Domingo de Ramos el tuyo, el de los cofrades. Espérame allí, Amargura, que voy a verte esta tarde, -¿no es eso lo que decimos por teléfono a las madres?- Regálame una sonrisa diferente que me abrace. Regálasela a Sevilla, que está impaciente rogándote, una Amargura distinta porque vuelva a enamorarse. Effetá para Sevilla, cuando los templos se abren. La ciudad está dispuesta:

Que pare el tiempo, que pare, que empiece el tiempo distinto, que el pregonero…se calle. Que pare el tiempo, que pare, Sevilla, que está pasando, la Amargura por tus calles. HE DICHO.

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