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Entrevistas Liliane Dalhmann: “Isabel fue terrorista de la palabra”

Delia Bernal
hace 8 años

A punto de hacer dos años de la muerte de La XXI Duquesa de Medina Sidonia, nos adentramos en el palacio ducal para conocer las luces y sombras de su vida, de mano de la mujer que compartió todo a su lado.

Liliane nos recibe sonriente y enérgica. Viene llamando a su perrita Lola, que la acompaña como su sombra, y ambas se acomodan en los esponjosos sillones de la sala de reuniones. Nosotros también tomamos asiento. La sala es acogedora, los sillones se encuentran en el punto de luz de un gran ventanal y las paredes de la estancia están forradas de muebles llenos de libros y marcos con fotografías de la Duquesa, su familia y Liliane. Oriunda de Alemania, las facciones de Liliane dejan ver que en su juventud fue una chica atractiva, quizás la típica alemana rubia y de intensos ojos azules que causan sensación entre los hombres. Es una mujer de piernas largas y alta, apuesta y elegante. Liliane llegó a Sanlúcar de Barrameda para un verano sin sospechar que “ese verano se convirtió en 26 años de mi vida”. Años que compartió junto a la Duquesa en su sueño de crear una fundación cultural al servicio de todos los interesados en el saber de nuestro pasado.

La igualdad de rangos y clases sociales ha sido una lucha perdida para nuestro siglo, sin embargo, hay casos que nos demuestran que esa diferencia es pura creación humana. Existe una concepción de honestidad, justicia y humanidad que llegará a tocar todos los espíritus, incluido especialmente el de Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, última duquesa de Medina Sidonia. Isabel no fue la mujer más corriente de su época, consiguió dar un vuelco al mitificado estilo de vida aristócrata, tanto a nivel personal como en el trato social. Fue una revolucionaria de su tiempo, una mujer de ideas propias y facultades para llevarlas a cabo. Liliane nos cuenta con el peso de los años, como cuando no era más que una joven, se quedó impresionada de ver a una mujer tan “fuera de lo común”. Liliane e Isabel se conocieron en la boda del hijo mayor de la duquesa, Leoncio, quien hoy conserva el título del ducado. Liliane acudió como testiga del enlace y pronto congenió con la duquesa, con la que compartía, en principio, intereses académicos. Pero el tiempo, haría surgir entre ellas un amor como el de Sócrates y Alcibiades, un amor y admiración intelectual, “aunque Isabel no quería que la admirara porque decía que después uno puede caer en otra cosa, pero es verdad, yo la admiraba y la he admirado hasta el último momento”.

Isabel será recordada por muchos como una señora algo excéntrica, demasiado polémica para el gusto de quienes no conocieron su causa. Sin embargo, para Liliane fue ante todo “una persona muy comprometida, con la vida, con su trabajo, con sus principios, con todo. Era una persona que tenía un código ético muy ferreo, sus creencias estaban por encima de todo. Tenía una faceta muy del humor español, sabía reirse de sí misma y como todo ser inteligente manejaba un humor irónico, de manera que era muy divertida. Luego era una persona profundamente culta, podía tratar cualquier tema del que le hablases. Y sobre todo, también era muy humana, sabía estar con todos y sabía dar a cada persona su sitio, cosa muy difícil, sobre todo con una posición como la que tenía Isabel”.

Sus primeras actividades políticas, desfavorecedoras de cara al régimen de Franco que por aquél entonces transitaba el país, harán que Isabel fuese popularmente conocida como la Duquesa Roja, debido a que manifestaba unas ideas “profundamente republicanas, y no lo ocultaba”. Esta denominación no molestaba a la duquesa, “Isabel decía que si ser roja significa ser comunista o ser ortodoxa en alguna ideología, no lo era. Isabel tenía su ideología, no era para nada ortodoxa, era muy pragmática en eso. Entonces ella decía que si ser roja significa aplicar el materialismo dialéctico, lo era. Ella se reconocía materialista y estaba bien que lo aplicase en su vida”. El materialismo dialéctico consiste en la interpretación del mundo basándose en la materia como toda realidad. Es una concepción opuesta a la religión o la espiritualidad y que se apoya en datos, avances científicos y en el tradicional progreso del pensamiento. Quizás éste sea el fundamento de su afán por su trabajo y por el conocimiento. La duquesa “era puro espíritu. Le gustaba trabajar y no perder el tiempo, ni para ir a la peluquería, era casi imposible llevarla. Menos mal que nuestra amiga venía a casa para pelarla y así y todo costaba que se sentara cinco minutos” nos cuenta exaltada Liliane, que sin duda la recuerda y parece que la ve en estos momentos, delante de sí misma, sin querer separarse de sus libros ni un instante. Su labor política siempre estuvo enfocada hacia la ayuda del ciudadano, procurando cambiar el mundo desde su entorno, comenzando por Sanlúcar de Barrameda, donde residía en el palacio ducal de Medina Sidonia, y alcanzando una mano a todo aquel que la demandara. Una manifestación en Palomares sería el detonante que le costaría la libertad. Liliane aún no conocía a Isabel, pero nos asegura que pudiendo ser vista, hoy, la causa de su encarcelamiento como una heroica lucha por la libertad, Isabel sin embargo “fue una mujer muy especial, nunca hizo alarde de haber estado en la cárcel ni se hacía la víctima, decía que ella sabía que iba a ir a la cárcel cuando propuso la manifestación ilegal y que lo asumía. De este periodo, hay cartas muy ejemplares de Isabel sobre lo que siente la primera vez que pisa la cárcel y ve que está con otros presos, o cuando la montan en el camión camino de la cárcel y lo que siente en esos momentos”. Lejos de lo que pueda parecer una experiencia de este tipo en la vida de una persona, para Isabel llegó a ser un enriquecimiento personal más que una tragedia o una etapa traumática. En una de sus cartas, recogerá convencida: “nunca pensé que la cárcel me iba a aportar tanta experiencia”, y de ello nos habla Liliane, “la vida, en definitiva, es un cúmulo de experiencias y lo que hay que hacer es aprender de ellas, aunque sean dolorosas, no hacerse la víctima, sino aprender de ello. Y eso es lo que hizo Isabel con casi todo en su vida”.

Liliane nos insiste en que siempre mantuvo una actitud firme, incluso pudiendo, nunca permitió una imputación de la pena, en contra de lo que han vertido otros medios. “En la cárcel estuvo dando clases que le redujeron la pena. Por ahí se dice que salió al firmar la amnistía. No. Ella nunca firmó. Lo que si se le redujo la condena por adscripción de pena, porque Isabel trabajó en la escuela de la cárcel y se le redujo la pena por ello. Era de un año y ella cumplió unos 8 meses. Nunca pidió la amnistía porque sería firmar que se arrepiente de lo que ha hecho, y ella nunca se arrepintió de lo que había hecho”.

Sin embargo, tras salir de la cárcel, no pudo rehacer su vida de nuevo. Fue procesada por lo que ella consideraba “haber usado una libertad de expresión que se respeta en cualquier país libre, y que espero que se respete en un futuro por parte del Estado español”, circunstancia que la empujaría al exilio. “Cuando ya la condenó el tribunal del TOP y el Tribunal Militar por sus libros y sus artículos, ya la condenaron a 30 años de cárcel y ya ella no quiso volver. No quería repetir la experiencia, ella decía que no lo aguantaría”

En esta etapa de exilio, quedaría marcado la constante lucha por su ideal de felicidad que podemos reducir a una palabra: justicia. “En Francia vivió de sus libros, publicó La Huelga, La Base y luego, casi al final del exilio, La Cacería. Se involucró mucho con la oposición española, de ahí la tremenda confusión con si la duquesa era comunista o no. No olvidemos, que en aquella época, el partido comunista era el que mejor estaba estructurado y ahí confluían todas las tendencias, entre ellas, evidentemente, Isabel. Dio muchísimas conferencias por Alemania del Este, Canadá, Suecia, a favor de que en España hubiese libertad, es decir, denunciando el régimen franquista”. A pesar, de que el exilio supondría un punto de inflexión en su vida, la máxima que la acompañará hasta el final de sus días será que “las cosas deben aceptarse como vienen. Empujando, desde luego, pero siempre dentro de lo posible”, principio que la llevó a que a su regreso continuara en el quehacer del historiador. Esta labor consiste para Isabel en hacer hablar al mayor archivo privado de Europa, el archivo de Medina Sidonia. Liliane, nos cuenta que Isabel recuperó el archivo de un guardamuebles porque “se dio cuenta de que ese archivo tenía sentido para la historia. Entonces Isabel comienza a catalogarlo”. Es una tarea que durará varios años y que se verá interrumpida por el exilio. “Cuando se marcha al exilio tiene 3000 legajos catalogados y cuando vuelve, me cuenta, que llegó y se puso a trabajar como si no hubiesen pasado 6 años, y siguió en el tomo que lo dejó. En el año 82 es cuando lo deja totalmente catalogado. Al mismo tiempo, también comenzó a escribir sus primeros libros de historia y artículos, muchísimos, para revistas científicas. Aquí abandonó un poco la literatura y se adentró en la función del historiador. También estaba muy pendiente de sus páginas en Internet, estaba muy conectada con lo que son las nuevas tecnologías. Y en eso se movía desde que se levantaba hasta que se acostaba ”.

El mayor compromiso de Isabel ha sido la conservación y difusión del patrimonio, su mayor tarea para la sociedad, por y para ello, la creación de la Fundación Medina Sidonia significó algo más que un sueño propio para Isabel: “Conservar el patrimonio para mí hubiera carecido de sentido. Supe desde que lo heredé que me daría bastantes más disgustos que satisfacciones. Pero me compensa la idea de que servirá a los demás, como centro difusor de esa cultura que nos enseña a no ser engañados ni a engañar, a perder el miedo a la verdad, en el pasado y en el presente”. Liliane nos cuenta que la duquesa era muy “celosa de este archivo” porque “cuando algo te ha costado mucho, cuando no has tenido ayuda de nadie, cuando tú tienes eso en tus manos que es la historia de un pueblo, pues tienes que ser responsable. Si tienes que decir (poniendo voz de enfado) oiga usted ese documento no lo puede tratar así, pues lo dices. Ella lo cuidaba con mucho respeto y al que no lo hacía le echaba la bronca. De ahí la fama de Isabel de: uuuffff es que la duquesa...” expresa agitando la mano de igual forma que cuando un niño hace algo malo. En esta dirección preguntamos a Liliane por un defecto de Isabel, “no soy la persona más adecuada”, nos confiesa suspirando. No sabe que decirnos, se atusa el pelo y resume “no lo sé... a veces yo discutía con ella, cuando ella tenía una cosa en la cabeza, ya podía... resumamos: no era nada diplomática, eso ha causado en alguna ocasión más de un problemilla. Esa era una de las cosas con las que yo más discutía. Fumaba demasiado, comía demasiado poco y no se cuidaba personalmente. Era una persona muy aseada, pero no era nada presumida, no le gustaba comprarse ropa, para eso era muy especial”. Podemos destacar una declaración de Isabel Álvarez de Toledo que nos ilustra este caso. En el programa Epílogo, Isabel declaró: “me duele no haber tenido agallas para ser terrorista”. Liliane se ríe y le cambia la cara diciendo “¡uy!, esas eran las cosas de Isabel, como te digo era poco diplomática y esa fue la disputa de nuestra vida, que lo aceptara. Isabel lo dijo en un contexto político de aquel momento de represión en el País Vasco, ella consideraba que la democracia no era lo que se había prometido, era esas cosas de revulsivo que Isabel decía de querer ser terrorista, ¡pero si detestaba las armas! Pero ella luchaba, Isabel fue terrorista de la palabra, porque a veces, decía cosas que entendemos ahora, 20 años dista, pero que cuando ellas las decía pues fue un escándalo. Cuando vuelve del exilio, asiste a una concentración en un hotel de las fuerzas políticas y ella es la única que se levanta y dice (levantando el dedo índice): aquí no habrá democracia hasta que el último preso del País Vasco esté en la calle. Claro, la estigmatizaron.... También, para ella fue un desengaño todo el fenómeno que se estaba preparando para montar la democracia. Ella no estuvo conforme con muchas cosas del sistema político, como que existiera una monarquía en una democracia., y además una monarquía impuesta por Franco. Ella era cada vez más antimonárquica y más republicana. Siempre esperó que algún día hubiese aquí una república tipo a la francesa o la americana, no la república que aquí algunos pretenden”.

“Isabel no encajaba en nada”. Tampoco en el sistema educativo. Sin preparación académica, pero con un gran espíritu autodidacta. “Isabel tenía los estudios de la aristocracia: idiomas, un poco de cultura general y poco más. Estuvo en el Sagrado Corazón pero no terminó el bachillerato. Tuvo oportunidad de entrar en la universidad, pero no quiso porque decía que le habría restringido mucho para adquirir el conocimiento real de las cosas. A mí me decía que tenía un defecto, el haber pasado por la universidad. Además, Isabel era muy dura. La gente le pedía ayuda y ella ayudaba dándoles caña porque decía que con mano blanda nadie aprendía, de hecho, yo misma cuando empecé aquí, las broncas eran muchas. Pero ella te decía la verdad, te falta este conocimiento o aquí pecas. Y esto te ayudaba porque cuando alguien te reconviene te fastidia, pero al mismo tiempo te impele a decir tiene razón, me voy a poner las pilas”.

Un cáncer de pulmón dejó a Isabel con numerosos libros y proyectos sin acabar y a los que la recuerdan, con una vida de entrega, de constante estudio sobre los planteamientos políticos, sobre nuestro pasado y una intensa lucha por la honestidad que la caracterizaba. Fue una mujer coherente en sus actos y sus pensamientos, que contrajo matrimonio antes de morir, a pesar de estar concertado desde antes, con Liliane. Supo dejar este mundo “ligera de equipaje, libre de prejuicios absurdos y de falsas ataduras sociales y morales”.

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